La verdadera historia de los olímpicos peruanos

¿Cuántos mitos entraña la participación de la Selección peruana en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936? ¿Qué tan cierto es que el Nazismo le arrebató la gloria a un equipo de negros y cholos? En esta investigación, publicada en el año 2000, pero con una notable vigencia, se revelan las verdaderas razones de la suspensión del partido Perú-Austria, los motivos detrás del retiro de la delegación peruana y la artificiosa participación de Adolf Hitler.

No hay pasaje más legendario en el fútbol peruano que la participación de la Selección en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Generación tras generación se han ido exagerando los hechos, deformando las circunstancias, directamente contradiciendo lo que recogen los documentos de la época, hasta llegar a la historia que manejamos hoy en día y que los peruanos aceptamos como verdadera.

La intención de este artículo es aproximarse a los sucesos del campeonato de fútbol de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 desde una perspectiva diferente —no la basada en hechos distorsionados y verdades a medias que tradicionalmente se acumulan con respecto a este punto en la prensa peruana—, explicar las circunstancias en las que se dieron estos hechos y derrumbar algunos mitos que han impedido un entendimiento cabal de lo que fue el fútbol peruano en los años treinta. Debemos tener en cuenta que la participación de los futbolistas peruanos en los Juegos Olímpicos de Berlín está asociada a otros mitos menores que, en buena medida, han distorsionado la historia de nuestro fútbol hasta crear el convencimiento de que todo tiempo pasado fue mejor. Apoyados en la mítica campaña de Berlín, los cañonazos de Lolo Fernández, la habilidad de «Manguera» Villanueva, las atajadas del «Mago» Valdivieso, la picardía del futbolista peruano que asombra en Europa, han ido creciendo hasta crear la impresión de que en la década de los treinta nuestro fútbol estaba entre los mejores del mundo. Y, a la luz de los resultados, puede afirmarse que no es así.(1)

1. La versión peruana

“Faltan cuatro minutos, tres minutos, Perú ataca sin pausa, como si la ventaja de un gol no fuera suficiente. Los sofocados austriacos no podían contener aquella ofensiva incesante, sobrehumana. Dos horas tardaba la contienda. Los hombres superiores, la gran raza que debía dominar el mundo daba lástima, así, apiñada en su área, despejando a ningún lado. Lolo Fernández no se acuerda de quién recibió la pelota, pero está próximo a la valla cuando lo derriban entre tres austriacos. Pito. El árbitro Christiansen no cobrará penal aunque sobraban razones (…). Dice que arriba, que no le hagan teatro. Lolo se incorpora, como aturdido, y Villanueva acomoda la pelota. Escupe en el centro y la acaricia como a un animal.

–¡Primo, con toda tu alma!

Lolo asintió. ¡Cojones, qué barrera más extraña! Diez jugadores cerraban el arco. Eso no es lícito. Iba a protestar cuando sonó el silbato. Dios mío, dame fuerzas para meterla como sea. Embistió la pelota, nada más que cinco pasos. Al fin hincó la zurda en el pasto, envió la derecha a demoler la bola. ¡Pom! Zumbó como un proyectil que se curvaba por alto y a la izquierda hasta entrar al gol.

–¡Uuuuuuuuuuuu! –volvió a asombrarse el estadio. ¡Cuarto gol! ¡Y otros tres anulados a la mala! Lolo baja la cabeza, sonríe. Otros corren a abrazarlo. Allá, en el arco de Kainberger, los austriacos se pelean. Anochecía en Berlín cuando Christiansen sopló el pito, recogió la pelota y salió hoscamente. Había ganado el Perú cuatro goles a dos, por lo menos. En las tribunas del Hertha los peruanos cantaban el Himno Nacional”.

La delegación peruana participó en la inauguración de los Juegos en el Estadio Olímpico el 1 de agosto de 1936. De izquierda a derecha se logra distinguir a Gómez Sánchez (entrenador), Álvarez Calderón (nadador), Villanueva (futbolista), De la Guerra (atleta) y Ruiz (basquetbolista). ILUSTRACIÓN: LUIS MOROCHO

El texto anterior es solo un extracto del libro de Guillermo Thorndike, «Una historia del fútbol peruano»,(2) dedicado a la actuación de la Selección nacional de fútbol en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Entre los peruanos, de ese tono es más o menos la historia que se maneja acerca de los legendarios olímpicos de Berlín. Una historia que, a grandes rasgos, solemos resumir así: El fútbol peruano tuvo su primera participación olímpica en los Juegos de Berlín 1936 con una selección encabezada por Lolo Fernández y Alejandro Villanueva, y en la que figuraban los once jugadores del Sport Boys, campeón local.(3) Tras una sacrificada travesía, los bravos futbolistas peruanos llegaron a Alemania y asombraron al mundo con su juego exquisito. En la primera ronda golearon 7-3 al exigente seleccionado de Finlandia y en su segundo partido derrotaron 4-2 a Austria —uno de los mejores equipos del mundo—, pese a la actuación del árbitro noruego Khristiansen, que favoreció descaradamente al equipo europeo.

Ese triunfo le dio al Perú el pase a las semifinales del torneo y por la calidad de su fútbol los blanquirrojos eran grandes candidatos a ganar la medalla de oro. Sin embargo, Adolf Hitler no podía permitir que en esos Juegos Olímpicos organizados para demostrar la superioridad de la raza aria, un equipo compuesto en su mayoría por negros y mestizos le ganara a Austria. Suficiente amargón había tenido con que el corredor negro Jesse Owens derrotara en las pruebas de velocidad a los atletas alemanes. En un arrebato de cólera, el Führer ordenó que se jugara de nuevo el partido Austria-Perú bajo cualquier pretexto, a puertas cerradas y rodeado el campo de amenazantes agentes de la policía alemana, no fuera que a los peruanos se les ocurriera ganar de nuevo. Con el argumento pueril de que la cancha del estadio Hertha donde se había llevado a cabo el primer juego no tenía las medidas reglamentarias, las autoridades olímpicas —presionadas por Hitler—, ordenaron que se repitiera el partido. Los dirigentes peruanos no aceptaron tamaña injusticia y retiraron a todos sus deportistas de los Juegos, y fueron acompañados en su protesta por delegaciones de otros países del continente en valioso gesto de solidaridad americana.

Detalles más o detalles menos, los peruanos nos hemos creído esa historia a pie juntillas.

2. El viaje a Berlín

Los de Berlín 1936 fueron los XI Juegos Olímpicos de la Era Moderna. Se celebraron del 1 al 16 de agosto con la participación de 3.959 deportistas de 49 países. Bajo el impulso de Alfredo Benavides, miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), el Perú se inscribió por primera vez en los Juegos y participó con una delegación conformada por 70 personas (59 deportistas, cinco entrenadores, cuatro dirigentes y dos masajistas). El presidente de la delegación peruana fue el señor Claudio Martínez, y las disciplinas en las que Perú se inscribió fueron fútbol, básquet, atletismo, natación, ciclismo, boxeo y esgrima.

«El equipo peruano de Berlín 1936 ha sido el más numeroso que ha asistido a unos Juegos Olímpicos», escribe Katharina Zacarías en su tesis dedicada a la historia de las participaciones nacionales en Juegos Olímpicos.(4) «El financiamiento para la participación del equipo olímpico en Berlín es una historia única en el deporte peruano. Para hacer posible el viaje, el Comité Olímpico Peruano (COP) inició una colecta entre firmas, instituciones y personas privadas de Lima y Callao. El gobierno del General Óscar R. Benavides financió parte de los gastos y se obtuvo algún dinero colocándole un sobreprecio a las entradas de los espectáculos deportivos de la época. Esta primera participación peruana en unos Juegos Olímpicos tuvo metas concretas: el COP quería darle a la juventud peruana ejemplos a través del deporte; con una participación olímpica, además, se esperaba acercar el deporte a las masas y presentar al Perú ante el mundo como una nación joven y deportiva».

El viaje de la delegación peruana a Berlín fue posible, en gran medida, a aportes privados, pues el Gobierno Central solamente contribuyó con 20 mil soles de los 100 mil necesarios para cubrir el presupuesto original.(5) La colecta llevada a cabo por el COP logró juntar 61.247,81 soles, estando entre los principales donantes la Municipalidad de Lima, el Circolo Sportivo Italiano, el Banco Central de Reserva y diversas empresas de origen alemán afincadas en el Perú. El viaje hasta Berlín tuvo que realizarse en condiciones franciscanas: la delegación peruana viajó de Lima a Génova en la tercera clase del Orazio, trasatlántico de bandera italiana, en travesía que duró más de tres semanas (del 13 de junio al 7 de julio de 1936). Llegados a Genova, los deportistas peruanos se trasladaron en tren hasta la capital alemana, y se instalaron en la Villa Olímpica de Berlín el 8 de julio por la noche.

El protagonismo que cobró la Selección de fútbol opacó la presencia de otros brillantes deportistas peruanos en estos Juegos: el nadador Walter Ledgard, por ejemplo, que había clasificado a la final de los 400 metros estilo libre, competencia en la que no pudo participar porque toda la delegación blanquirroja se retiró de los Juegos por el escándalo del fútbol. A esas alturas, la Selección de básquet dirigida por Koko Cárdenas había ganado los dos partidos que había disputado (ante Egipto y China), pero dejó la competencia por el mismo motivo. Otros destacados deportistas que integraron la delegación olímpica fueron el nadador Daniel «Carpayo» Carpio, los atletas José «Pavo» Farías, Antonio Cuba y Carlos de la Guerra, y el boxeador Eulogio Quiroz.

3. Versiones fuera del Perú

Ya ha quedado reseñada la manera en la que los peruanos tenemos registrada la participación de nuestra Selección de fútbol en Berlín 1936. Sin embargo, fuera del Perú, y no en castellano, son otras las historias que se cuentan de la participación peruana en estos Juegos Olímpicos. En la «Memoria del Comité Nacional de Deportes y Comité Olímpico Peruano (año 1936)», el presidente de esta institución, Eduardo Dibós Dammert, recoge una de estas versiones.(6) Dice así: El Daily Sketch de Londres estampó que mil peruanos con fierros, cuchillos y revólveres habían invadido el campo de juego inutilizando a tres jugadores austriacos que habían tenido que ser sacados en camillas, terminando el partido con ocho jugadores contra once peruanos. Y así por el estilo se difundieron toda clase de grotescas e inverosímiles versiones en Bélgica, Francia, Noruega, etc. Después de la partida de la delegación de Berlín, nos informaron los delegados y adjuntos que por pocos días quedaron y conocen el idioma alemán, que los altoparlantes de las estaciones de radio en numerosas calles se encargaron de propagar acres censuras contra los peruanos, tildándolos de cobardes que habían huido ante los valerosos jugadores austriacos.(7)

No quedan ahí las versiones del otro lado del famoso Austria-Perú. Mientras los olímpicos peruanos eran recibidos como héroes nacionales en el Callao, en Europa se contaban otras historias, según el propio Dibós Dammert, «como reacción de la FIFA, que en forma indirecta y por medio de escribidores que, a tanto por línea, están dispuestos a estampar falsedades y canalladas. Los diarios de Berlín guardaron un mutismo raro, pero los corresponsales alemanes de periódicos ingleses y franceses esparcieron por Europa toda clase de versiones fantásticas y malévolas». En estas versiones europeas se cuestionaba, primero, la condición amateur de los futbolistas peruanos —requisito indispensable para participar en los Juegos Olímpicos—, y para probar su carácter profesional se difundió la noticia de que la Selección peruana había ofrecido sus servicios para presentarse a jugar en diferentes ciudades europeas una vez retirada de Berlín, obviamente, previo pago.(8) Como antecedente se mostró la gira que realizara entre 1933 y 1934 por Europa el llamado «Combinado del Pacífico», equipo integrado por algunos olímpicos peruanos, que jugó 39 partidos recibiendo no pocas sumas de dinero.(9)

Ya refiriéndose al mismo partido ante los austriacos, otras pestes se contaron de los jugadores peruanos. Que abusaron del juego fuerte ante la pasividad del árbitro noruego Khristiansen, quien dejó pasar faltas terribles por temor a las amenazas de algunos aficionados peruanos que ingresaron al terreno de juego. Y que amparados en la dificultad de los jueces para identificar a los jugadores —las camisetas no tenían números—, los peruanos hicieron más de un cambio en sus filas antes del inicio del tiempo suplementario (entonces las sustituciones estaban prohibidas en el fútbol). Todo eso, fuera de la invasión al campo de los aficionados peruanos y de las agresiones a los jugadores austriacos. Por todos esos problemas, la FIFA decidió que el partido se jugara nuevamente el martes 11 de agosto en el Estadio Olímpico sin público. Como Perú no se presentó, fue eliminado del torneo.

4. La versión oficial

Hay una historia oficial de los Juegos Olímpicos de Berlín. Es el «Amtlicher Bericht, Organisationskomitee für die XI Olympiade Berlín 1936»,(10) obra monumental dirigida por el doctor Carl Diem, secretario general del Comité Olímpico Alemán, que consta de 1222 páginas divididas en dos tomos. Es un informe completísimo en estadísticas, resultados, textos y fotos de los Juegos Olímpicos de 1936. En esta obra hay ocho páginas dedicadas al torneo de fútbol (1047-1055), entre las cuales se hace referencia al caso Austria-Perú. Transcribimos:

El torneo de fútbol transcurrió sin incidentes hasta el partido Austria-Perú. Se jugó con devoción y espíritu deportivo (…). Los últimos cuatro partidos del torneo —semifinales, definiciones del tercer puesto y primer puesto—, se jugaron en el Estadio Olímpico de Berlín ante asistencias promedio de 95 mil espectadores. Los partidos de las rondas previas, jugados en otros campos pertenecientes a asociaciones deportivas de la ciudad, también fueron vistos por muchos espectadores, registrándose un total de 507.469 asistentes en los 16 partidos del torneo. Solo un incidente enturbió el espíritu de camaradería deportiva de la competencia, surgido en el partido Austria-Perú. Sobre el mismo, este fue el pronunciamiento oficial del Jurado de Apelación, integrado por J. Rimet (Francia), G. Mauro (Italia), R. W. Seeldrayers (Bélgica), R. Pelikan (Checoslovaquia) y A. Johanson (Suecia).

La formación oficial que derrotó 4-2 a Austria en Berlín: Arriba: Carlos Tovar, Victor Lavalle, Juan Valdivieso, Arturo Fernández, Segundo Castillo, Orestes Jordán y el masajista Juan Delgado. Abajo: Adelfo Magallanes, Jorge Alcalde, Lolo Fernández, José Morales y Alejandro Villanueva. ILUSTRACIÓN: LUIS MOROCHO

A solicitud de la Asociación Austriaca, en la forma y dentro del plazo reglamentario para presentar un reclamo sobre el resultado del partido jugado el 8 de agosto de 1936 entre Austria y Perú, y atendiendo a que la competencia del Jurado de Apelación en la materia resulta del texto del artículo 10º de las Disposiciones Generales para el Torneo de Fútbol («los reclamos formulados después del comienzo del torneo serán solucionados por el Jurado de Apelación»). Resulta de los informes obtenidos durante el curso de las indagaciones a que se ha procedido, que se han producido hechos que han podido impedir el desarrollo normal del partido. No se puede hacer ninguna observación de carácter técnico, pero la organización del partido ha sido perturbada por circunstancias imprevistas. Notoriamente ha sido imposible impedir que los espectadores entren al terreno de juego y que particularmente uno de ellos, después de haber penetrado al terreno, ha podido dar un golpe a uno de los jugadores. Estas circunstancias pueden ser consideradas como causantes de haber colocado a los equipos en estado de inferioridad, contrarias al buen espíritu deportivo. No estando en condición de fijar las responsabilidades respectivas, el Jurado de Apelación tomando una resolución de carácter deportivo decide:

Que el partido se vuelva a jugar a puerta cerrada y sin boleterías el lunes 10 de agosto a las 17.00 horas. Solo tendrán acceso al terreno los dos equipos y tres acompañantes (14 personas en total), los árbitros oficiales, los miembros del Comité Olímpico Internacional y del Comité Organizador, los miembros del Comité de la FIFA, los miembros del Comité de la Federación Alemana de Fútbol, los presidentes de las dos Asociaciones y dos representantes de la prensa. Queda el jurado de campo encargado de tomar las medidas necesarias. Firmado: Jules Rimet (presidente).

Como Perú no cumplió con presentarse al partido de repetición establecido para el 10 de agosto ni al partido de repetición nuevamente previsto para el 11 de agosto, Austria fue declarado ganador sin jugar y avanzó a la siguiente etapa. Antes de la partida de los peruanos, el representante del Perú explicó que los dirigentes de la delegación simplemente no habían quedado satisfechos con la cuestión del partido de repetición ante Austria. La posición peruana, sin embargo, no estaba de ninguna manera dirigida en contra de la Federación Alemana de Fútbol, que no intervino en este conflicto. El embajador peruano en Londres, Benavides, amigo cercano del presidente de su país del mismo apellido, lamentó que se hubiera producido este incidente. Como representante peruano en el Comité Olímpico Internacional, se sintió obligado a dejar constancia públicamente ante todo el mundo, que en este penoso asunto ningún organismo alemán tuvo algo que ver.

Hasta ahí llega el Informe Oficial de los Juegos de Berlín 1936 preparado por el Comité Olímpico Alemán.

5. Derrumbando mitos

Resulta claro que existen notorias diferencias entre lo que se cuenta en el Perú y lo que se cuenta fuera de nuestro país sobre los legendarios olímpicos de Berlín. La verdad, como suele suceder, debe encontrarse en el medio de dos versiones extremas. Revisando datos de aquí y allá, pueden ensayarse algunas conclusiones.

Perú no le ganó a uno de los mejores equipos del mundo en Berlín 1936

«Su punto de partida es un momento cumbre: el campeonato mundial que se nos robó en Alemania», dice en la contracarátula de Una historia del fútbol peruano de Thorndike, al presentar el tema tratado en el libro.(11) Dentro de la mitología deportiva local, así se ha presentado el campeonato de fútbol de los Juegos Olímpicos del 36, como un torneo que reunió a los mejores equipos del mundo. No fue así. Ubiquemos el contexto.

En 1930, bajo la organización de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado), se disputó en Uruguay la primera Copa del Mundo, ganada por la selección local. Como la FIFA estaba decidida a manejar el fútbol internacional, este deporte fue retirado de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932, certamen organizado por el COI. En 1934 se jugó la segunda Copa del Mundo en Italia —ganada también por la selección local—, y en el Congreso de la FIFA realizado en Roma durante este torneo se decidió volver a la órbita olímpica. Como el fútbol se estaba profesionalizando a pasos agigantados y los Juegos Olímpicos eran exclusivamente para deportistas amateur, la FIFA reservó las Copas del Mundo para futbolistas indistintamente amateur o profesionales —que tenían mejor nivel—, y dejó los Juegos Olímpicos solo para los amateur. Ambos torneos de fútbol serían manejados por la FIFA y disputados bajo sus estatutos, pero existía la clara disposición de apuntalar las Copas del Mundo como el torneo más fuerte del fútbol internacional.

Apoteósico recibimiento a los olímpicos peruanos en Lima el 17 de setiembre de 1936. El nadador Walter Ledgard y la destacada Selección nacional de básquet se quedaron sin la opción de acceder a una medalla por el retiro de la delegación. ILUSTRACIÓN: LUIS MOROCHO

En abril de 1936, 16 federaciones nacionales inscribieron a sus selecciones para el torneo de fútbol de Berlín 1936, entre ellas la peruana, única representante de Sudamérica. Los países europeos que tenían más desarrolladas sus competencias de fútbol acudieron con equipos conformados por jugadores amateur. Como por entonces el fútbol peruano no tenía status profesional (recién desde 1951 los campeonatos locales pasaron a ser profesionales), Perú llevó a su Selección nacional, conformada por jugadores de Sport Boys, Alianza Lima y Universitario, que habían participado en temporadas internacionales, jugado Campeonatos Sudamericanos y hasta la primera Copa del Mundo en Uruguay hacía seis años.(12)

Por antecedentes, las 16 selecciones olímpicas fueron divididas en dos grupos. Perú entró en el grupo de los equipos fuertes junto a Italia, Alemania, Noruega, Gran Bretaña, Polonia, Suecia y Egipto. En el grupo de los débiles quedaron China, Finlandia, Japón, Luxemburgo, Turquía, Austria, Hungría y Estados Unidos. Perú y Egipto entraron en el grupo de los fuertes atendiendo a la experiencia de sus selecciones en torneos internacionales (los olímpicos egipcios, en situación similar a la de los jugadores peruanos, habían jugado la Copa del Mundo de Italia 1934 y perdieron 4-2 ante Hungría en la primera fase). Hungría y Austria, siendo en aquellos años potencias futbolísticas de primer nivel mundial, fueron colocadas en el grupo de los equipos débiles porque asistieron a los Juegos de Berlín con futbolistas amateur, no con sus selecciones principales.

Se sortearon parejas para la primera fase y el jueves 6 de agosto de 1936 Perú debió enfrentar a Finlandia, equipo al que eliminó sin mayores apremios por goleada de 7-3. Lolo Fernández fue la gran figura al anotar cinco goles.(13)

Dos días después, ya por cuartos de final, Perú enfrentó al combinado amateur de Austria, que nada tenía que hacer con el famoso «Wunderteam» (Equipo Maravilla) que encabezaba Mathias Sindelar, considerado por muchos entendidos como el mejor futbolista de la primera mitad del siglo XX. El «Wunderteam» austriaco había llegado a semifinales en el Mundial de Italia 1934 con un equipo conformado por los siguientes jugadores: Platzker; Cisar, Sesta; Wagner, Smistik, Urbanek; Zischek, Bican, Sindelar, Schall y Viertl. Ninguno de ellos estuvo presente en los Juegos Olímpicos de Berlín porque eran futbolistas profesionales.(14)

El austriaco Karel Stokkermans, miembro de la RSSSF (Asociación Mundial de Estadísticos e Historiadores de Fútbol) y especialista en fútbol de su país, dice respecto a la participación de Austria en los Juegos de Berlín 1936 y el partido ante los peruanos:  “La historia que tenemos es la siguiente: Austria ganaba 2-0 hasta el minuto 75. Adolf Laudon, una de las figuras del equipo, fue lesionado por una falta malintencionada de un defensa peruano y Austria se quedó con diez jugadores en el campo. Perú igualó 2-2. Hacia el final del partido, los aficionados peruanos invadieron el campo y corretearon a los jugadores austriacos. Perú hizo dos goles y ganó 4-2. Austria protestó el resultado y la FIFA decidió que el partido se jugara otra vez, pero Perú no se presentó. En realidad, no creo que haya habido interferencias políticas en este caso. Austria jugó con un equipo totalmente amateur y no se esperaba que llegara muy lejos en el torneo (el equipo profesional, por supuesto, era muchísimo más fuerte). En 1936, Austria tenía un régimen político autocrático, pero no era exactamente nacional-socialista ni parte de Alemania. En todo caso, en 1936 los lazos políticos entre Alemania e Italia (que finalmente ganó el torneo de fútbol de Berlín 1936) eran mucho más fuertes que los lazos entre Alemania y Austria”.

Esta versión nos introduce a una segunda conclusión:

Adolf Hitler no tuvo participación alguna en la eliminación peruana

Se le podrán atribuir multitud de crímenes, pero en el asunto Austria-Perú el Führer no tuvo responsabilidad alguna. Como ya quedó dicho, la FIFA manejaba el campeonato de fútbol de los Juegos de Berlín y los partidos se disputaban bajo sus estatutos. Se instituyó un Jurado de Apelación integrado por cinco miembros de la FIFA para resolver cualquier problema que se presentara en el torneo. Este Jurado estuvo integrado por el histórico dirigente francés Jules Rimet, presidente de la FIFA, el italiano G. Mauro, el belga R. W. Seeldrayers, el checoslovaco R. Pelikan y el sueco A. Johanson. Este Jurado fue el que dictaminó la repetición del partido Austria-Perú. Ellos eran la autoridad en el campeonato, no los miembros del Comité Olímpico Alemán, sobre quienes, ciertamente, Hitler ejercía fuertes influencias. No olvidemos que estos Juegos fueron utilizados por el Ministerio de Propaganda del Tercer Reich como parte de la presentación ante el mundo de una Alemania poderosa y disciplinada bajo el gobierno del Führer. Por eso, no se quería que ningún incidente empañara los Juegos. El Comité Olímpico Alemán solo intervino en el caso Austria-Perú cuando se anunció el retiro de toda la delegación peruana y algunas sudamericanas, e intercedió para buscar una salida al conflicto.(15)

En el Perú, sin embargo, hubo una confusión al respecto y se implicó en el asunto a todo aquello que remitiera a Alemania. Algunas casas comerciales de ciudadanos alemanes fueron atacadas y el presidente de la colonia alemana en el Perú se vio obligado a publicar un anuncio en los periódicos en el que deslindaba responsabilidades.(16) Esta es la versión de una fuente imparcial como la del periodista estadounidense David Wallechinsky en su monumental recuento de la historia de los Juegos Olímpicos.(17) En la página 454 de esta publicación se habla del partido Austria-Perú. Transcribimos:

El fútbol olímpico, ya debilitado por la introducción de las Copas del Mundo desde 1930 y la exclusión de este deporte en los Juegos de Los Ángeles de 1932, recibió un duro golpe con los incidentes antirreglamentarios suscitados en 1936. En un partido por cuartos de final, Austria ganaba 2-0 hasta el mediotiempo, pero Perú empató con dos goles en los últimos quince minutos. Se jugaron entonces dos tiempos suplementarios de quince minutos cada uno. Para entonces, un pequeño pero bullicioso grupo de espectadores peruanos estaba ya exaltado de la emoción. Lo que sigue, depende del continente en el que sea contada la historia. Evidentemente, algunos aficionados peruanos invadieron el campo mientras el juego se desarrollaba y, efectivamente, atacaron a uno de los jugadores austriacos. El equipo peruano tomó ventaja de este caos y anotó rápidamente dos goles para ganar 4-2. Austria protestó de inmediato y el Jurado de Apelación, compuesto por cinco europeos, ordenó que el partido se jugara nuevamente dos días después a puertas cerradas. Los peruanos se negaron a presentarse y toda su delegación olímpica abandonó los Juegos, como los colombianos, que apoyaron a sus vecinos de Sudamérica. En Lima, manifestantes peruanos lanzaron piedras contra el Consulado alemán y el presidente Benavides denunció “la maquiavélica decisión de Berlín”. Cuando los diplomáticos alemanes apelaron ante Benavides para puntualizar que la decisión no había sido tomada por alemanes, sino por dirigentes de la FIFA, el presidente cambió su posición y culpó de las manifestaciones a los comunistas.

El atleta estadounidense Jesse Owens, ganador de cuatro medallas de oro, posa junto a deportistas peruanos en la Villa Olímpica. La máxima figura de los Juegos de Berlín demostró que la capacidad deportiva estaba por encima del racismo del régimen alemán. ILUSTRACIÓN: LUIS MOROCHO

En el informe presentado a la Federación Peruana de Fútbol (FPF) por Claudio Martínez, presidente de la delegación olímpica peruana en Berlín, se dan algunos alcances de la discutida decisión de la FIFA y se responsabiliza directamente a esta organización por la injusticia cometida.(18)

Error fundamental del Comité Organizador de la Olimpiada fue el dar cabida a la comercializada FIFA en un certamen amateur. Error que no fue capaz de corregir poniendo en su sitio a los mercaderes del deporte cuando ultrajaron y befaron con un fallo inicuo a una delegación como la del Perú, que concurrió a honrar con su presencia de nación joven e idealista, unas justas que suponía controladas con justicia y corrección (…). Salta a la vista, pues, en forma inobjetable, el deliberado propósito de la FIFA de impedir por todos los medios a su alcance que el Campeonato Olímpico fuera obtenido por el Perú. Entre las razones que para ello pudiera tener —todas de interés particular para esa institución y en pugna con los intereses del deporte, cuyo control ha asumido—, está la de no verse privada de los porcentajes que recibe cuando el equipo campeón juega en Europa, porcentajes de los cuales se iba a ver privada si el Perú traía el campeonato a Sudamérica. Se trata, pues, de un interés exclusivamente económico de una organización esencialmente comercializada como la FIFA, explotadora del football profesional y socia de todos los grandes partidos que se juegan en Europa.

En todo caso, si aún se cree que Adolf Hitler intervino en el asunto, habría que hacerse una pregunta. Mientras Perú le ganaba a Austria, en otro partido de cuartos de final, Noruega sorprendió eliminando a Alemania con victoria de 2-0. Ese resultado nunca se discutió. ¿Por qué el Jefe de Gobierno alemán movió todas sus influencias para favorecer abyectamente al equipo austriaco en vez de hacerlo para favorecer al propio equipo alemán? Algunos podrían decir «es que el enemigo racial y político era el Perú, no Noruega, aliado de Alemania». La historia los desmentiría: cuatro años después, Noruega fue uno de los primeros países invadidos por las fuerzas del Tercer Reich en la sangrienta ofensiva de la Blitzkrieg, primera etapa de la Segunda Guerra Mundial.(19)

Por último, no deja de ser curiosa la manera en la que se ha involucrado a Adolf Hitler en el caso de la Selección peruana de Berlín 1936. Si bien es cierto que en un inicio hubo un sentimiento antialemán generalizado en Lima por lo que se consideraba que era una enorme injusticia cometida contra nuestra Selección de fútbol, no se ha encontrado ninguna fuente de entonces que responsabilizara al Jefe de Gobierno alemán por tal medida. Para entenderlo, hay que ubicarse nuevamente en el contexto: en 1936 Hitler era un líder político que contaba con miles de admiradores en todo el mundo, incluyendo el Perú. En nuestro país, uno de los candidatos presidenciales de mayor arrastre popular a las elecciones convocadas ese año, Luis A. Flores, jefe del partido Unión Revolucionaria, adhería claramente a la ideología nacional-socialista, adoptó la camisa negra y el saludo de los fascistas, y proclamó una política intolerante ante comunistas y apristas; llegó a ser ministro durante el gobierno de Sánchez Cerro.

No era una excentricidad que por esos años se considerara a Hitler un estadista exitoso, el principal responsable de haber levantado a la nación alemana del estado de postración en el que le había dejado la Primera Guerra Mundial, hasta conducirla, con mano firme, orden y trabajo, a la opulenta situación que podía exhibir a través de los Juegos Olímpicos de Berlín. El propio presidente peruano, General Óscar R. Benavides, adoptó un modelo de gobierno que bien podría considerarse de inspiración hitleriana. Bajo el lema de «orden, paz y trabajo», tomó una serie de medidas populistas y utilizó crasamente a la Fuerza Armada para afirmar su autoridad, que ejercía de manera dictatorial al gobernar sin Congreso. Benavides estableció un rígido sistema de control sobre la prensa y prohibió toda propaganda que considerara disociadora. A sus opositores comunistas y apristas los acusó de diversos crímenes, los persiguió, y muchos de ellos fueron desterrados. Dentro de este panorama fundamentalmente anticomunista y antiaprista, las referencias que se hacían de Adolf Hitler —a mediados de la década del treinta— estaban cargadas de elogios y admiración, y en ningún momento se le vinculó a la decisión de la FIFA que perjudicaba a la Selección olímpica peruana.(20)

 ¿Cuándo, entonces, surgió aquella versión de nuestro mito olímpico que debe a una rabieta de Hitler la arbitraria separación de la Selección peruana, compuesta por mestizos y negros, de un torneo donde debían triunfar los representantes de la raza aria? No se ha podido ubicar el momento exacto, pero sin duda, es posterior a la década de 1930. Con el ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial, la fuerte propaganda antihitleriana difundida en películas y libros provenientes de ese país, y posteriormente el descubrimiento de los horrores perpetrados por los nazis bajo el gobierno de Hitler, este pasó a ser ante los ojos del mundo el personaje abominable que recuerda la historia desde la década de 1940. Cuando —en reportajes de los años cincuenta y sesenta— se recuerda la campaña de la Selección peruana en los Juegos Olímpicos de Berlín, ya aparece la maquiavélica figura de Hitler como responsable del clamoroso despojo sufrido por los blanquirrojos. Aproximadamente veinte años después de ocurridos los hechos, una nueva vuelta de tuerca le daba mayor esplendor a la leyenda de los olímpicos peruanos en Berlín 1936.

No se ordenó la repetición del partido Austria-Perú ya que se adujo que la cancha no tenía medidas reglamentarias

Puede cuestionarse el dictamen emitido por los cinco miembros europeos del Jurado de Apelación de la FIFA que decidieron repetir el partido Austria-Perú, pero no es cierto que el argumento utilizado fuera el absurdo de las medidas antirreglamentarias del campo del estadio Hertha.

El reclamo austriaco, presentado el mismo sábado 8 de agosto, se basaba en tres puntos entrelazados: las condiciones del campo que no daba seguridades a los protagonistas, la agresión a los jugadores austriacos por parte de aficionados peruanos que invadieron el campo y la actuación del árbitro Khristiansen, condicionada precisamente por la falta de seguridad existente. Si se lee el fallo del Jurado de Apelación firmado por Jules Rimet —transcrito líneas arriba en el apartado «La versión oficial»—, se entenderá que solo se considera válido el punto de las agresiones. El fallo a la letra dice así:

Resulta de los informes obtenidos durante el curso de las indagaciones a que se ha procedido, que se han producido hechos que han podido impedir el desarrollo normal del partido. No se puede hacer ninguna observación de carácter técnico, pero la organización del partido ha sido perturbada por circunstancias imprevistas. Notoriamente ha sido imposible impedir que los espectadores entren al terreno de juego y que particularmente uno de ellos, después de haber penetrado al terreno, ha podido dar un golpe a uno de los jugadores. Estas circunstancias pueden ser consideradas como causantes de haber colocado a los equipos en estado de inferioridad, contrarias al buen espíritu deportivo.
En ningún momento se dice que las medidas del campo no fueran reglamentarias. Es más, en el estadio Hertha se jugaron tres partidos por el torneo olímpico, no solo el Austria-Perú. Los últimos cuatro encuentros del campeonato de fútbol por semifinales y las medallas se jugaron en el Estadio Olímpico de acuerdo al programa establecido con anticipación. El estadio Hertha, remodelado después de la Segunda Guerra Mundial, es utilizado aún por el equipo más popular de la capital alemana —Hertha Berlín— para los partidos que juega como local en la Bundesliga.

La dirigencia peruana, esforzada pero inexperta, no tuvo la firmeza necesaria para defender su posición

Algo anuncia el periodista Teodoro Salazar en su libro «Vamos Boys».(21) Salazar escribe: «Algunas versiones culpan a los dirigentes que acompañaron a la delegación peruana, de incapaces. Se dice, incluso, que la FIFA solo requería la presencia de un dirigente peruano para desechar la protesta de Austria. Pero ningún dirigente se hizo presente en el momento oportuno».

Los acontecimientos se sucedieron así: el sábado 8 de agosto se jugó el partido que por cuartos de final del campeonato de fútbol olímpico ganó Perú 4-2.(22) Una vez finalizado el mismo, los delegados austriacos presentaron su reclamo ante el Jurado de Apelación. Los dirigentes peruanos no se dieron por enterados hasta el lunes 10 a las ocho de la mañana, cuando a la Villa Olímpica llegó un mensajero de la FIFA citando a nuestros delegados a una sesión en el Hotel Russicher Hoff a las 10 a.m. Claudio Martínez, presidente de nuestra delegación, recoge así esos momentos en el informe que presentó posteriormente a la FPF:

Los delegados peruanos salieron de la Villa Olímpica a las 9 a.m., pero como la prueba de bicicletas en carretera tenía lugar en esos momentos, debiendo pasar los ciclistas por la vía que comunicaba a la Villa con Berlín, los omnibuses recibieron orden de no avanzar hasta que no pasaran los ciclistas. Esto demoró la salida hasta cerca de las 10 a.m. y aún después de partir, el ómnibus desvió su recorrido habitual llegando con más demora que lo normal.

Los delegados peruanos (Claudio Martínez, Miguel Dasso, Manuel Mujica Gallo y Cerro Cebrián) se presentaron recién a las 11:30 a.m. en el Salón de Actos de la FIFA ubicado en el Hotel Russicher Hoff. Enterados del reclamo austriaco, los «pueriles argumentos merecieron la sonrisa de los delegados peruanos», según el propio Martínez. Así continúa el informe del presidente de la delegación nacional.

Terminada la lectura de los indicados documentos (reclamo austriaco e informe del árbitro Khristiansen), los cuatro delegados peruanos abandonaron el salón y se dirigieron al vestíbulo del hotel en espera de la decisión del Jurado de Apelación. En vista de las inconsistentes razones aducidas por la delegación austriaca, se suponía que el reclamo después de breve deliberación sería desechado.

Suposición errónea, pues poco después de la una de la tarde, Jules Rimet leyó en francés el fallo del Jurado ordenando la repetición del partido para esa misma tarde. Hechas las traducciones respectivas, Claudio Martínez increpó a los miembros de la FIFA por lo que consideraba un atropello y la delegación peruana abandonó de inmediato el Hotel Russicher Hoff, anunciando que el equipo blanquirrojo no jugaría nuevamente ante Austria. Extraña que antes de tomar su decisión el Jurado de Apelación no escuchara a los dirigentes peruanos —¿será por la tardanza con que llegaron, será que no le dieron importancia al reclamo presentado por los austriacos?—, y que, conocido el fallo, estos abandonaran la reunión sin intentar alguna negociación pese a las «súplicas» —según el propio Martínez—, del ingeniero suizo Schirker, secretario de la FIFA.

Nuestros delegados se dirigieron a la Embajada peruana en Berlín y enviaron un cable a Lima —dirigido a Eduardo Dibós, presidente del COP—, para explicar los hechos: «Opino por el retiro íntegro de la delegación peruana de las Olimpiadas dejando protesta escrita. Consulte presidente de la República impartiendo instrucciones inmediatamente a la delegación del Perú», escribió Claudio Martínez. Alfredo Benavides, dirigente peruano que era miembro del COI y se encontraba en Berlín, fue informado el lunes por la tarde de lo sucedido y apoyó la decisión del retiro. Consultado en Lima el General Óscar R. Benavides, presidente de la República, fue de la misma opinión.(23)

En Lima, esa misma noche del lunes 10 de agosto, se celebró una sesión extraordinaria del COP presidida por Eduado Dibós en el local de la Federación de Football, como consta en el «Libro de Actas del Comité Olímpico Peruano del 15 de julio de 1936 al 11 de abril de 1947».(24) En esa sesión se dio lectura a los cables recibidos y enviados a Berlín y se informó que pese a repetidos intentos, no había sido posible comunicarse telefónicamente con los delegados peruanos en los Juegos. Se levantó la sesión con mociones de aplauso para el señor Claudio Martínez y el Presidente de la República General Óscar R. Benavides «por haber demostrado el particular interés que tiene por el deporte nacional. Con su actitud de patrocinar oficialmente el retiro de nuestra delegación como la única solución compatible con la dignidad del país, ha dado a esta medida extrema toda la autoridad que significa el respaldo del primer ciudadano de la República».

Adolf Hitler declara inaugurados los Juegos Olímpicos el 1 de agosto de 1936 en el Estadio Olímpico de Berlín. Estuvo acompañado por algunos miembros de la plana mayor del gobierno nazi: Rudolf Hess, Dr. Fritz von Blomberg y Joseph Goebbels. ILUSTRACIÓN: LUIS MOROCHO

Recién en la tarde del martes 11 de agosto en Berlín, el señor Claudio Martínez envió un documento escrito ante el Jurado de Apelación de la FIFA para sentar la posición peruana. Por mediación de Alfredo Benavides —en su condición de miembro del COI—, y del Comité Olímpico Alemán —preocupado por el retiro de toda una delegación nacional que podía deslucir los Juegos—, se lograron algunos avances: se desconoció el triunfo por walk over obtenido por la Selección austriaca el día anterior y se negoció un nuevo partido para el martes 11 de agosto en el Estadio Olímpico, ya no a puertas cerradas. Sin embargo, el presidente de la República ya se había pronunciado desde Lima y no había marcha atrás: la delegación peruana abandonó la Villa Olímpica el miércoles 12 de agosto.(25)

En Lima, mientras tanto, en otra sesión extraordinaria del COP, se iniciaron gestiones para que las federaciones de fútbol americanas se retiraran en masa de la FIFA en protesta por el fallo emitido contra Perú. El jueves 13 de agosto, sin embargo, llegó un comunicado del Comité Olímpico Argentino, que lamentó «la imposibilidad moral de acordar la solidaridad requerida, porque nuestra organización ha proclamado y mantiene como principio fundamental el acatamiento absoluto a las resoluciones de la autoridad instituida para dirimir divergencias producidas en torneos deportivos».

Hubo mucha confusión, más pasos vacilantes de la dirigencia deportiva peruana. Leído ese texto, algunos dirigentes optaron por dar marcha atrás. El señor Matute recordó que la desafiliación de la FIFA implicaba la automática desafiliación de la Confederación Sudamericana. «Si Perú se separa de estos organismos», razonó, «¿quién defendería nuestras tesis en el próximo Congreso de la CSF?». Se optó por la no desafiliación. Para mayores sobresaltos, después llegó un comunicado de la Federación Chilena de Fútbol, declarando que sí estaba dispuesta a desafiliarse de la FIFA. ¿Qué hacer? Una solución a la peruana: preparar un discurso.

En sesión extraordinaria del COP realizada el sábado 15 de agosto de 1936, el dirigente Alfredo Hohagen dio lectura a este pronunciamiento: «El Comité Olímpico Perano no hace sino enorgullecerse patrióticamente de las actitudes tomadas por el país entero en defensa de su dignidad herida y felicitarse de haberlas llevado adelante con prescindencia de la opinión de los demás, pues está demostrado que, salvo excepciones que nos honran, es ingenuo suponer que quienes no son peruanos sientan como propias las ofensas inferidas a peruanos, y es mucho solicitar que por ideales que sobrepasan los linderos nacionales, existan organismos capaces de afrontar un sacrificio. Reiteramos nuestro vivo agradecimiento a las naciones hermanas, cuyos espíritus han vibrado al unísono del nuestro, levantándose y protestando efectivamente ante la justicia». Una vez leído este comunicado hubo salva de aplausos.

El jueves 17 de setiembre de 1936 los olímpicos peruanos fueron recibidos como héroes en el Callao. Hubo más discursos, proclamas, votos de aplauso, homenajes, aclamaciones. Nacía la leyenda.(26)

NOTAS:

  1. En la década del treinta la Selección peruana participó en cinco competencias internacionales aparte de los Juegos de Berlín: en la Copa del Mundo de Uruguay de 1930 perdió los dos partidos que jugó ante Rumania y Uruguay. En el Sudamericano de 1935 disputado en Lima perdió ante Argentina y Uruguay y solo le ganó ajustadamente a Chile. En el Sudamericano de 1937 disputado en Buenos Aires, Perú perdió ante Brasil, Uruguay y Argentina, empató con Chile y ganó solamente su último partido ante Paraguay. En los Juegos Bolivarianos de Bogotá 1938 Perú campeonó, superando a Bolivia, Ecuador, Colombia y Venezuela, países que por esos años no tenían mayor desarrollo futbolístico. Y en el Sudamericano de 1939, disputado en Lima, Perú volvió a campeonar superando a Uruguay, Paraguay, Chile y Ecuador. Sin pretender quitarle méritos a este título, cabe anotar que estuvieron ausentes Argentina y Brasil.
  2. Guillermo Thorndike. Una historia del fútbol peruano. Lima, Mosca Azul Editores, 1975.
  3. Los 22 futbolistas peruanos inscritos en los Juegos fueron: Juan Valdivieso, Alejandro Villanueva, José Morales, Adelfo Magallanes, Víctor Lavalle, Enrique Landa, Eulogio García (Alianza Lima), Carlos Tovar, Orestes Jordán, Arturo y Teodoro «Lolo» Fernández (Universitario), Andrés Álvarez, Arturo Paredes, Segundo «Titina» Castillo, Teodoro «Prisco» Alcalde, Jorge «Campolo» Alcalde, Miguel Pacheco, Carlos Portal, Raúl Chappell, Pedro Ibáñez, Guillermo Pardo, Víctor Marchena (Sport Boys). El entrenador era Alberto Denegri.
  4. Zacarías Föhrding, Katharina. Die Teilnahme Perus an den Olympischen Spielen. Colonia, tesis presentada ante la Deutsche Sporthochschule Köln, 1999.
  5. Para dar una idea de las cifras manejadas en la época, el Presupuesto General de la República en 1936 fue de 139’715.120,28 soles. El gobierno de Benavides, en medio de grandes discursos, apenas aportó 20 mil soles (el 0.015% del Presupuesto General de la República) para la expedición olímpica en el gran evento deportivo del año. El Estado peruano, siempre mezquino con el deporte.
  6. Como su nombre lo indica, esta «Memoria del Comité Nacional de Deportes y Comité Olímpico Peruano (año 1936)», firmada por Eduardo Dibós Dammert, es un recuento de las actividades desarrolladas por esta institución en 1936, teniendo como punto central la participación peruana en los Juegos Olímpicos de Berlín. Una copia de este documento puede encontrarse en la biblioteca del COP (Av. Hipólito Unanue 290, Lince).
  7. Página 61 de la «Memoria del Comité Nacional de Deportes y Comité Olímpico Peruano (año 1936)».
  8. Tal parece que estas ofertas sí existieron y que los rumores de estas acusaciones llegaron pronto a Lima. Al salir de la Villa Olímpica apresuradamente el miércoles 12 de agosto de 1936, la delegación blanquirroja no tenía los medios para regresar al Perú y pudo barajarse la posibilidad de hacer algunos partidos de fútbol para recaudar el dinero necesario. En las sesiones del COP realizadas en los días posteriores en Lima, cuyas actas se encuentran recogidas en el «Libro de Actas del Comité Olímpico Peruano del 15 de julio de 1936 al 11 de abril de 1947», se detallan las gestiones realizadas para obtener el dinero que pagara los gastos del regreso de la delegación. Se menciona en esas páginas que el dinero finalmente salió de una partida extraordinaria del Gobierno Central, pero es significativo el hecho de que, insistentemente, los dirigentes del COP desde Lima instruyeran a Claudio Martínez, presidente de la delegación olímpica, a no aceptar de ninguna manera la realización de partidos de fútbol a cargo de la selección peruana en Europa después de la salida de Berlín.
  9. Efectivamente, un equipo de futbolistas peruanos y chilenos, llamado el «Combinado del Pacífico», realizó una gira por Europa entre el 25 de agosto de 1933 y el 7 de marzo de 1934. Esta gira fue organizada por los empresarios Jack Gubbins, de Perú, y Waldo Sangüeza, de Chile, y el equipo sudamericano cobraba dinero por cada presentación, lo que le quitaba, en sentido estricto, el status de amateur. El «Combinado del Pacífico» jugó 39 partidos en Irlanda, Inglaterra, Escocia, Holanda, Checoslovaquia, España, Francia, Italia y la propia Alemania (en Berlín los sudamericanos derrotaron 3-0 a un seleccionado local y en Munich empataron 0-0 con el Bayern Munich). En este «Combinado del Pacífico» estuvieron Juan Valdivieso, Alejandro Villanueva, Carlos Tovar, Arturo y Lolo Fernández, quienes regresaron menos de tres años después a Berlín para participar en los Juegos Olímpicos, reservados para deportistas amateur. El libro «Lolo, ídolo eterno» de Teodoro Salazar Canaval (Lima, Editorial Brasa S.A., 1992, 160 pp.) le dedica un capítulo a esta gira del «Combinado del Pacífico»: es el Capítulo X, titulado «Europa aplaudió los goles del gran cañonero» (pág. 63-68).
  10. Carl Diem. Amtlicher Bericht, Organisationskomitee für die XI Olympiade Berlín 1936. Berlín: talleres de Wilhelm Limpert, 1937, 1222 pp.
  11. Tomar este libro como una referencia histórica —como pretende indicar su título#— puede parecer excesivo, pues los errores en que incurre hacen tenerlo mejor como una recreación ficticia. Baste mencionar, como ejemplo, el «hecho» del partido Austria-Perú relatado en la página 65. Dice así:
    «Pero el partido no ha terminado. Faltan ocho, siete, seis minutos. Alguien tiene que romper el empate. Cinco, cuatro, tres minutos. Van y vienen los ataques. Austria avanza, quiere arrollar a sus contrarios. Un minuto. Austria tiene que ganar. El árbitro cobra un penal.
    —¿Penal de qué, juna gran puta?#—, casi solloza de rabia Víctor Lavalle.
    Mago, ahora todo depende de ti. Lo mismo que en Chile, cuando tapaste seis penales. No puede ser, Juan, que por una cochinada del árbitro vayamos a perder. Pateará Steinmetz. La bola a doce pasos: es casi un crimen. Valdivieso apenas se encoge. Más adentro, todo su ser se contrae como un resorte aplastado. Será preciso moverse al mismo tiempo que la bola. Partir a su encuentro en el instante del puntapié. Adivinar su destino en los ojos de Steinmetz. Encuentra la mirada azul que a su vez lo mide. ¡Ya! El disparo va hacia la esquina izquierda, a interceptarlo vuela Valdivieso. Manotea. Steinmetz ha fallado el penal por cinco centímetros».
    En el partido Austria-Perú, sin embargo, está documentado que el árbitro Khristiansen no sancionó penal alguno.
  12. Alejandro Villanueva, olímpico en Berlín 1936, había participado en el Sudamericano jugado en Lima en 1927, en la Copa del Mundo de Uruguay 1930 y en el Sudamericano jugado en Lima en 1935. El arquero Juan Valdivieso también jugó en la Copa del Mundo de Uruguay 1930 y en el Sudamericano de 1935. En este último certamen tomaron parte siete jugadores olímpicos: Valdivieso, Villanueva, Carlos Tovar, José Morales, «Campolo» Alcalde, Arturo y Lolo Fernández.
  13. Esta es la ficha técnica de ese partido:
    Finlandia (3): P. E. Salminen; F. M. Karjagin, A. Närvänen; Y. V. Kanerva, J. E. Malmgren, E. A. Lathi; K. G. Vecström, E. Gustafsson, P. K. Larvo, E. Grönlund, E. A. Lehtonen.
    Perú (7): J. Valdivieso; V. Lavalle, A. Fernández; C. Tovar, S. Castillo, O. Jordán; T. Alcalde, A. Magallanes, T. Fernández, A. Villanueva, J. Morales.
    Goles: T. Fernández (P) 18’, 35’, 47’, 68’ y 72’; A. Villanueva (P) 22’; J. Morales (P) 70’; Y. V. Kanerva (F), de penal, 45’; E. Gustafsson (F) 80’; P. K. Larvo (F) 82’.
    Fecha: jueves 6 de agosto de 1936
    Estadio: Hertha BSC Platz (Berlín)
    Árbitro: Rinaldo Barlassina (Italia)
  14. La década del treinta es histórica para el fútbol austriaco y la participación de su selección amateur en los Juegos de Berlín, pese a haber llegado hasta la final —que perdió 2-1 ante Italia—, es casi un hecho secundario. Dos personajes marcaron esa década del fútbol austriaco: Hugo Meisl y Mathias Sindelar. El primero fue el técnico que formó el Wunderteam, uno de los mejores equipos de la historia, que deslumbró entre 1931 y 1935. Meisl fue uno de los primeros grandes estrategas del fútbol y creó un sistema de juego basado en el ataque en bloque, ejerciendo un pressing ofensivo. Acuñó la frase «la mejor defensa es el ataque» y contó a su disposición con una generación de extraordinarios jugadores que, entre otras hazañas, golearon 6-0 a Alemania y 8-2 a Hungría. Favorito al título en la Copa del Mundo de Italia 1934, el Wunderteam austriaco se quedó en semifinales al perder 1-0 ante el dueño de casa, a la postre campeón del certamen, que contó a su favor con una serie de fallos arbitrales claramente localistas. Meisl fue también árbitro internacional, miembro de la FIFA y secretario general de la Federación Austriaca. Falleció en 1937. Sindelar es el otro personaje clave del fútbol austriaco de los años treinta. Conocido como el «Hombre de Papel» o el «Mozart del fútbol», fue el intérprete estelar en el campo de las tácticas diseñadas por Meisl. Fino, inteligente, habilísimo y capaz de enviar pases precisos a larga distancia, jugó 27 partidos por su selección hasta 1935. Se negó a jugar en el Mundial de Francia 1938, pues Austria se había fusionado con Alemania y presentó un equipo conjunto en ese certamen. Acosado por los nazis, decidió suicidarse junto a su esposa, de origen judío, el 22 de enero de 1939 en Viena, poco antes de cumplir 36 años. Más de 40 mil personas acompañaron el cortejo fúnebre de Sindelar por las calles de la capital austriaca, en lo que puede considerarse también como una de las mayores manifestaciones públicas en contra del nacional-socialismo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Ni Meisl ni Sindelar, figuras cumbres en la historia del fútbol austriaco (y mundial), participaron en los Juegos Olímpicos de Berlín.
  15. Que no se vinculara a Alemania con la decisión de la FIFA fue una preocupación inmediata no solo del Comité Olímpico Alemán, sino también de los residentes alemanes en el Perú. En la edición de la tarde de El Comercio correspondiente al martes 11 de agosto de 1936 se lee esta noticia:
    «Reunión de la colonia alemana con motivo de los sucesos de Berlín.
    En la noche de ayer, un grupo de 340 personas aproximadamente, pertenecientes a la colonia alemana residente en la capital, se reunió en el local de la Casa Alemana ubicada en el balneario de Miraflores. En esta reunión, según se nos ha informado, se contempló la situación creada a la colonia de Lima con motivo de lo ocurrido en la sede de la XI Olimpiada que se desarrolla en la ciudad de Berlín, a raíz del fallo que anula el notable triunfo del equipo peruano de football sobre el austriaco, acordándose expresar en contra de lo opinado por la FIFA. “La unión que nos ocupa tiene como objetivo manifestar la protesta adoptada por la colonia a fin de expresar el pensamiento de los alemanes residentes entre nosotros”, declaró un representante. Además indicó que estaban en todo momento con el Perú y que todas sus simpatías eran por la causa peruana. Igualmente leyéronse algunos cables recibidos en las últimas horas de la tarde de ayer en los que se comunica la decisión del Comité Olímpico, organizador del certamen, de esperar hasta las seis de la mañana de hoy para definir la situación de nuestros competidores olímpicos. Según sabemos, la reunión en la Casa Alemana se prolongó hasta minutos antes de las once de la noche, hora en la que se retiraron los asistentes».
  16. En la edición de la tarde de El Comercio correspondiente al lunes 10 de agosto de 1936 se publica el siguiente cable dirigido por el señor Ostern, representante del Comité Olímpico Alemán en Lima, a las autoridades olímpicas alemanas en Berlín: «En vista de la resolución de la FIFA anular juego Perú-Austria exigiendo repetición juego esta tarde, recomendamos encarecidamente de acuerdo con la delegación de Alemania —agrupación local del Partido Nacional-socialista—, hacer todo lo posible ante FIFA para conseguir reconsiderar resolución reconociendo el triunfo peruano, tomando nota que de otro modo Gobierno Perú ordenará regreso inmediato de delegación peruana íntegra en señal de protesta por resolución unilateral de la FIFA, compuesta solamente por miembros representantes europeos y sin representación sudamericana». Un ejemplo del repudio que causó la eliminación peruana y el sentimiento antialemán que se generó en Lima se encuentra en esta misma edición de El Comercio. Leamos el siguiente aviso publicado en la primera página del periódico: «Como protesta por el injustificado acto cometido en perjuicio del equipo peruano de football, participo al público en general que he decidido cambiar el nombre de mi establecimiento de la calle Bodegones No. 393, que durante diez años ha llevado el nombre de Sastrería Berlín, por el de Sastrería Lerner, que es el que tendrá en adelante».
  17. David Wallechinsky. The complete book of the Summer Olympics Games. Overlook Press, 1024 pp. Esta obra es utilizada como base de datos de los Juegos Olímpicos por la prestigiosa revista Sport Illustrated.
  18. Este informe de Claudio Martínez se encuentra incluido en la Memoria del Comité Nacional de Deportes y Comité Olímpico Peruano (año 1936), firmada por Eduardo Dibós Dammert, presidente de esta institución.
  19. En el capítulo correspondiente a la Segunda Guerra Mundial de la «Historia Universal» de Carl Grimberg se encuentran algunas referencias a la invasión de Noruega por las fuerzas alemanas. «Hitler dispuso la invasión de Noruega. En la noche del 2 al 3 de abril de 1940, los primeros navíos de guerra y de transporte zarparon de los puertos alemanes con órdenes de atacar durante la noche del 9 de aquel mismo mes (…). Hitler ordenó a las unidades alemanas aferrarse al suelo de Noruega; después mandó ocupar el país, cualesquiera fuesen las circunstancias de la lucha. Con tal finalidad, el Führer había comprometido efectivos importantes: seis divisiones, mil doscientos aviones y casi toda la marina de guerra, además de numerosos buques de transporte (…). La defensa noruega demostró ser poco eficaz. A partir del 9 de abril, los alemanes fueron ocupando todo el litoral hasta Narvik. Hicieron fracasar la movilización decretada por Haakon VII, rey de Noruega, y se apoderaron de la mayoría de los almacenes y de los aeródromos del país escandinavo. La aviación germana era dueña del cielo. No obstante, Noruega siguió resistiendo durante dos meses, hasta el 7 de junio de 1940, en una lucha sin ayudas y sin esperanzas, ya que la acción de las potencias occidentales era insuficiente. Aunque la marina de Hitler experimentó graves pérdidas, Noruega quedó ocupada por entero, y así permaneció hasta terminar la contienda: en poder de un ejército alemán y de una policía hitleriana para proteger al colaboracionista Vidkun Quisling. La familia real y el gobierno noruego se trasladaron a Inglaterra alentando la lucha del pueblo contra los nazis». Queda claro que Hitler no consideraba a Noruega como un aliado.
  20. En el periódico limeño Acción, vocero de la Unión Revolucionaria (UR), es común leer artículos como el publicado el 28 de febrero de 1934, donde se considera a Hitler como “el gran hombre de Alemania”, una suerte de nuevo Mesías, comparable solo con Cristo y “sus ideas sencillas y prácticas”. Tirso Molinari Morales ha hecho una investigación profunda sobre el partido UR, fundado por Sánchez Cerro en 1931, que con semejante prédica consiguió un arrastre multitudinario. En su libro “El fascismo en el Perú. La Unión Revolucionaria 1931-1936 (Lima, Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2006, 462 pp.), se recogen varios artículos y pronunciamientos publicados en nuestro país que adhieren desembozadamente al fascismo italiano y el nacional-socialismo alemán.
  21. Teodoro Salazar Canaval. Vamos Boys. Lima, Editorial Brasa S.A., 1992, 248 pp.
  22. Esta es la ficha del partido Austria-Perú:
    Austria (2): E. Kainberger; E. Künz, M. Kargl; A. Krenn, K. Wahlmüller, M. Hofmeister; W. Werginz, A. Laudon, K. Steinmetz, J. Kitzmüller, F. Fuchsberger.
    Perú (4): J. Valdivieso; V. Lavalle, A. Fernández; C. Tovar, S. Castillo, O. Jordán; A. Magallanes, J. Alcalde, T. Fernández, A. Villanueva, J. Morales.
    Goles: W. Werginz (A) 22´; K. Steinmetz (A) 37´; J. Alcalde (P) 75´; A. Villanueva (P) 81´, 115´; T. Fernández (P) 119´.
    Fecha: sábado 8 de agosto de 1936
    Estadio: Hertha BSC Platz (Berlín)
    Árbitro: T. Khristiansen (Noruega)
    Detalle: Como el partido acabó 2-2 en el tiempo reglamentario, se acudió a un suplementario de 30 minutos para definir al ganador.
  23. Esta noticia fue publicada en la edición de la tarde de El Comercio correspondiente al lunes 10 de agosto: «Una numerosa manifestación se dirigió a la Casa Ostern. La bandera olímpica fue destrozada por los manifestantes. Varias personas trepáronse por el edificio de la Compañía de Seguros La Popular y descolgándose por medio de sogas obligaron a que la bandera fuera bajada. Otro grupo de manifestantes, compuesto de más o menos tres mil personas, se dirigió a la Plaza de Armas en tanto que por el Jirón de la Unión desfilaban más grupos. Como hemos dicho, un numeroso grupo de manifestantes se dirigió a la Plaza de Armas y se instaló bajo los balcones del Palacio pidiendo la presencia del Jefe de Estado. Mientras este salía, iba llegando más gente, pudiendo asegurarse que había unas cinco mil personas. Momentos después se presentó en los balcones el Presidente de la República acompañado de algunos ministros de Estado. Dos de los manifestantes le dirigieron la palabra, a la que contestó el Jefe de Estado manifestando que estaba hondamente impresionado por la grande injusticia que representaba para el Perú el acuerdo tomado por la FIFA. Dijo que él ya había impartido órdenes al presidente de la delegación olímpica para que retirara al equipo íntegramente y que el Perú en esos momentos no se encontraba solo, porque había recibido cables de Chile, Argentina, Uruguay y México manifestando que acompañarían a Perú en la actitud que tomase, porque la protesta no era solo peruana sino sudamericana y americana en general. Terminó invitando al público a que se serenara y esperara los resultados de las gestiones que se hacían con relación a este incidente».
  24. El volumen original de este Libro de Actas del Comité Olímpico Peruano del 15 de julio de 1936 al 11 de abril de 1947 puede ser consultado en la biblioteca del COP (Av. Hipólito Unanue 290, Lince).
  25. Hubo una cierta utilización política del tema de los olímpicos por parte del régimen de Benavides. Tener en cuenta que 1936 no solo fue año de elecciones, sino de elecciones anuladas. A los comicios presidenciales convocados por el General Óscar R. Benavides se habían presentado Manuel Vicente Villarán, Jorge Prado Ugarteche, Luis A. Flores y Luis Antonio Eguiguren, quien se convirtió en virtual presidente electo por el apoyo de votos que le dio el APRA. En la página 251 de su libro «Clases, Estado y Nación en el Perú» (Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1978, 408 pp.), Julio Cotler escribe: «El APRA pretendió competir en las elecciones, pero Benavides, valiéndose del artículo 53 de la Constitución dictada en 1933, que prohibe la participación en la política del país de partidos de naturaleza internacional, le negó ese derecho. De allí que el APRA optó por dar su voto a Eguiguren, con lo que este obtuvo mayoría. Ante esta situación, Benavides suspendió y anuló dichas elecciones, autoproclamándose presidente por un periodo de tres años más. A fin de legitimar tal situación constituyó un gobierno militar designando como vicepresidentes a tres generales y formando un gabinete militar». El 13 de noviembre de 1936 el Congreso Constituyente aprobó la prórroga del mandato de Benavides hasta 1939 «junto con la tremenda potestad para ejercer las facultades inherentes al Poder Legislativo», escribe Jorge Basadre en la página 658 de su libro La vida y la historia (Lima, Industrial Gráfica, 1981, 728 pp.). Parece evidente que el escándalo de la selección peruana en los Juegos de Berlín, con toda la carga nacionalista que se le dio al tema, fue una «cortina de humo» excelentemente aprovechada por Benavides para granjearse el apoyo popular y soslayar la grave situación política que vivía el país. Así analiza Basadre el gobierno de Benavides en la página 655 del libro ya citado: «Dio, además, el futuro Mariscal (a diferencia de Leguía) a su programa de gobierno una orientación populista que se concretó al ser implantado el Seguro Social, de tan enorme importancia; y al iniciarse, aunque en pequeña escala, la construcción de viviendas para gente de escasos recursos. Buscó y obtuvo, a su manera, apoyo multitudinario al proteger el deporte y al tomar iniciativas como la de la abolición del peaje en los caminos».
  26. Como parte de la investigación realizada para publicar este artículo, entre 1999 y el año 2000 se hicieron sendas entrevistas con los dos únicos sobrevivientes del seleccionado olímpico de fútbol de 1936: el «Mago» Juan Valdivieso, de 90 años, y Carlos Tovar, de 86 años, figuras históricas de nuestro deporte, caballeros del fútbol, cuyos nombres se encuentran, con justicia, inscritos entre laureles en el frontis del Estadio Nacional. El paso de tantos años, sin embargo, había auspiciado el olvido. Ni Juan Valdivieso en su plácida casa de la Urbanización Los Cipreses, en Lima, ni Carlos Tovar en su finca de Chancay, mirando al mar, recordaban puntos precisos de la campaña cumplida en Berlín 1936. Años después, ambos fallecieron: Carlos Tovar en junio del 2006 y Juan Valdivieso en mayo del 2007.

*Publicado en la segunda edición del libro Ese gol existe de Aldo Panfichi (Fondo Editorial PUCP, 2016)

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