La honestidad de hinchar por otro

Los acusan de ‘tecleros’ y alienados. Sea por la globalización, la masificación de la televisión por cable o el miserable torneo local, quedarse afónico con los goles de Cristiano Ronaldo o apenarse por la suerte de ‘Gigi’ Buffon no requiere pasaporte europeo, como se palpitó en la última final de la Champions League. El fenómeno de las peñas deportivas en Lima bajo la lupa de un investigador e hincha posmoderno.

Una sala de estar será el límite entre dos fuegos. Faltan instantes para la señal: 1:45p.m., sábado 3 de junio, Real Madrid-Juventus. Mientras en Cardiff, Gianluigi Buffon abraza a cada miembro de su batallón antes de plantarse en su arco, yo me encuentro en Lima, en casa de Stéfano, mi mejor amigo, hincha del Madrid y, de alguna manera, mi rival. Que lo conozca desde que aprendí a amarrarme los zapatos y hayamos estudiado en el mismo salón todo el colegio no significa misericordia: al final de los noventa o los ciento veinte o lo que duren los penales, el ganador gritará su gloria en la cara del otro, sabiendo que no recibirá un puñetazo a cambio. Cláusulas de ese contrato imaginario que llamamos amistad.

Pero no estamos solos. El segundo piso de su casa es ocupado por veinte personas más. Dos son fervorosos madridistas. Dos somos fervorosos hinchas de la Juventus. El resto son ‘neutrales’ hinchas del Borussia Dortmund, del Barcelona, del Nacional uruguayo, de la ‘U’, del Cristal, de Alianza Lima. Digo ‘neutrales’ porque la mayoría quiere ver levantar la ‘Orejona’ a la ‘Juve’. Todos, eso sí, somos peruanos.

Los dos bianconeros nos mudamos al cuarto del dueño de casa: el papá de Stéfano. Los demás transforman el cuarto de Stéfano en un mini estadio.

Nací en 1992, y he visto caer a mi equipo en sus últimas cuatro finales de Champions (1997, 1998, 2003 y 2015). Para quebrar maldiciones, cábalas. Si en la temporada 2013 me senté en la fila 37 de la tribuna oriente en el Monumental y Universitario campeonó, esta tarde llevo puesta las franjas blancas y negras de la ‘Vieja Señora’ de la actual campaña. El regalo, detalle de mis jefas tras cumplir dos años en mi trabajo, me mantiene invicto y expectante.


Entre marzo de 2015 y diciembre de 2016, frecuenté la Peña Blaugrana de Lima (PBL), una de las 104 peñas oficialmente reconocidas por el F. C. Barcelona en el mundo. De igual modo estudié a una muestra de hinchas de su antagonista, el Real Madrid, pero sin ninguna filiación con el club de fans ni las peñas. Lo hice para adquirir mi licenciatura en Comunicación para el Desarrollo, pero sobre todo para perfilar a este hincha posmoderno que se reúne con sus pares en un restaurante o un bar para vibrar frente a un televisor por equipos que nacieron a miles de miles de kilómetros de Lima.

El resultado son 181 páginas bajo el título de Fútbol globalizado: identidades, prácticas culturales y nuevas formas de asociación.

Aunque no formo parte de ninguna cofradía futbolística, en cierto sentido soy uno de ellos. Además de Universitario, hincho por la Juventus, el Manchester United, el Valencia y el Porto. Al punto que llegué a un acuerdo en mi trabajo: cada vez que juega alguno de mis equipos, tengo la licencia para salir de la oficina, cruzar la pista y ver el partido en un restaurante.

La Peña Madridista Perú Vikingo se fundó el 1 de mayo de 2012 como la primera en su rubro en Lima. FERNANDO SANGAMA

Las horas las compenso después. Comprendieron que de otra manera esas dos horas las pasaría en las redes sociales, siguiendo el partido minuto a minuto. No concibo un hinchaje sin estadio o, como en este caso, sin el apoyo constante.

Cuando se empezó a estudiar la relación del fútbol con la sociedad, muchos académicos y periodistas partieron de la premisa de hacerlo en pequeñas localidades; tratando de explicar el arraigo de un equipo en un distrito pequeño, clase social o etnia, o el porqué de determinados patrones de juego de las selecciones nacionales. Sin embargo, autores como el antropólogo indio Arjun Appadurai, el filósofo español Jesús Martín-Barbero y el sociólogo brasileño Renato Ortiz sostienen que es necesario entender el mundo actual desde un punto de vista desterritorializado, porque hoy los espectadores constituyen su identidad en base a las comunicaciones y los medios electrónicos.

La presencia en redes sociales, como las fanpages de algunos clubes europeos, nos puede dar otra pista de la magnitud del fenómeno: Real Madrid (103 millones de seguidores), Barcelona (102 millones), Manchester United (73 millones), Bayern Munich (42 millones), Paris Saint-Germain (29 millones). Si Real Madrid fuera un país sería el décimo segundo más poblado del planeta junto a Filipinas. Son países virtuales. Y de los más densos.

Por supuesto, un click o “me gusta” no es suficiente para ser considerado hincha. Las mercancías del fútbol encuentran como destinatarios a dos tipos de consumidores: los que la compran como una mercancía más y los que lo hacen apoyados en la base identitaria de la marca. Hoy, tanto el consumo como el hinchaje se producen globalmente.

Desde el concepto de desterritorialización se puede entender que un peruano se apropie del Madrid. FERNANDO SANGAMA

Un peruano o un filipino pueden ser del Barcelona por sus copas, por el ‘tiki-taka’ (en alusión a sus toques y paredes) o por Lionel Messi. Este ‘culé’ tendrá la chance de comprar las camisetas oficiales del club en tiendas por departamento, vía Internet o en algún viaje a Europa. Si el dinero es un problema las podrá conseguir en el mercado informal o incluso mandarla a confeccionar. El negocio del fútbol, como vemos, ha transformado el perfil del hincha contemporáneo.

Los españoles Rayco González, Vicente Verdú y el holandés Luis Recasens dividen al hincha en tres:

a) Los espectadores que gustan del fútbol más que de un solo equipo, y son 100% neutrales y objetivos.
b) Los aficionados que mantienen un equilibrio en la vida y cuyo hinchaje va en una línea continua desde una simple adhesión por encima del espectador hasta estar muy involucrados, siguiendo las noticias, todos los partidos y formar parte de grupos organizados.
c) El fanático o barrista que vive por y para el equipo.

Tanto los hinchas sin filiación como los que pertenecen a un club de fans o una peña se ubican en el segundo grupo.


“Cuando el Barza levantó la Champions, goleando a la Juventus, en el 2015, lloré. Lloré igual que cuando el Sport Boys le ganó al Cobresol y regresó a Primera en el 2009. Y volví a llorar cuando Perú perdió en las Eliminatorias ante Chile. Son sentimientos que uno tiene”, me contó Miguel, socio de la Peña Blaugrana de Lima.

El sujeto posmoderno, como queda claro, tiene la capacidad de conectarse y desconectarse durante noventa minutos o más, convirtiéndose en un espectador desterritorializado capaz de formar parte de un nuevo tipo de nación como la blaugrana o la merengue.

La Biología considera positiva a la hibridación. Las Ciencias Sociales han extrapolado este término para hablar de hibridación cultural. En relación con el fútbol, lo híbrido sería ser hincha local, nacional y global simultáneamente. Algunos consideran esta hibridación negativa confundiéndola con alienación; otros, positiva por el beneficio de sentirse parte de más de una comunidad.

¿Las razones? Una encuesta realizada en Rio Grande do Sul (Brasil), en 1997, citada en Fútbol y Cultura de Ruben Oliven y Arlei Damo señala que la elección de las identidades locales en más del 80% de casos se produce antes de los 15 años sin poder ser alterada después.

La Peña Blaugrana de Lima (PBL) es una de las 104 peñas reconocidas por Barcelona en el mundo. RENZO MIRANDA

Cursilerías aparte, el primer amor. En el Perú se trata de un amor deteriorado y en crisis: un campeonato que ha cambiado de bases en los últimos cuatro años, estadios semivacíos, vergonzosas goleadas internacionales, clubes representativos casi quebrados con administraciones temporales como ineficientes paliativos, y 35 años sin clasificar a un Mundial.

“Difícilmente vas a elegir a un equipo para seguir sufriendo como el Atlético de Madrid, cuando acá con las justas los equipos peruanos se sostienen en un torneo continental. Entonces, uno elegirá a un equipo que pueda ganar la Champions o una liga”, fue la lógica respuesta de Alejandro, hincha del Real Madrid.

De un universo de 120 encuestados, entre miembros de la Peña Blaugrana de Lima e hinchas del Real Madrid, el estilo de juego (90,9%), el éxito del club (40%), el deleite por un jugador en particular (32,7%) resultaron las motivaciones principales en el caso de los ‘culés’; mientras que en el de los madridistas las causas se invirtieron: el éxito del club (61,5%), el estilo de juego (49,3%) y un jugador en específico (33,8%).

Cuando arranqué esta investigación, hubo unanimidad en los socios de la Peña Blaugrana de Lima sobre el porqué de su fundación en junio de 2005: encontrar más gente como ellos. Bichos raros, seguramente en aquellos días. En la actualidad, todo lo contrario: la Peña es integrada por miembros de Trujillo, Chiclayo, Arequipa, Cusco, Estados Unidos y España.

La relación entre las peñas de clubes europeos en Lima es fluida y exenta de incidentes violentos. RENZO MIRANDA

La tecnología ha sido clave para la asociatividad. La app FCBPenyes permite contactar a otra peña barcelonista en caso viajen. De hecho, el presidente de la PBL, vio un partido de la Champions League junto a la Peña Cerclé Catalá de Madrid, precisamente por esta herramienta.

Aunque la condición socioeconómica no es determinante para hinchar por un club extranjero, en cierto modo lo es para pertenecer a una peña. Hombres mayores de 25 años con estudios universitarios es el perfil de un hincha que debe pagar, por lo menos, un consumo mínimo en cada partido. Es cierto, la masividad del fútbol ha borrado fronteras territoriales, raciales, de género y de clase, pero sigue una lógica de mercado: consume más quien tiene más. Mayor chance tendrá de disfrutar la ‘BBC’ del Madrid (Benzema-Bale-Cristiano) o la ‘MSN’ del Barza (Messi-Suárez-Neymar) quien posea más tiempo libre, más canales, conexión a Internet o incluso el dinero suficiente para pisar Europa.

Marco Asensio acaba de clavarnos la cuarta puñalada. Un rictus congela el rostro de Buffon, el veterano general del batallón que al parecer se retirará sin la única conquista que le faltaba. Stéfano cruza la trinchera que separa a ambos bandos e irrumpe en mi territorio con la bandera del Real Madrid sobre sus espaldas. Le digo que se vaya si no quiere que le pegue. Pero, aunque mi cuerpo hierve, no rompo el contrato: lo abrazo y vamos a la parrilla por unas hamburguesas y chorizos.

#proudofJu fue el hashtag cuando perdimos la final de 2015 contra el Barcelona de la MSN. #itstime (to be proud) es el hashtag del 2017 del 1-4. No basta con estar orgullosos. Las finales hay que ganarlas. No alcanza. Nada alcanza.

Mientras me desahogo juntando estas palabras, me entero de una estampida humana en Piazza San Carlo, uno de los lugares más famosos de Turín, y me pregunto si la Juventus no está marcada por la tragedia. La de Heysel (39 muertos y 600 heridos en la final de la Copa de Europa de 1985 entre Liverpool y la ‘Juve’), la de las siete finales perdidas en Champions. Una maledizione.

Los fanáticos de la Juve en el Perú, incluido el autor de la crónica, sufrieron en la reciente final. JUVENTUS PERÚ FANS

Continúo y me entero del atentado terrorista en dos puntos de Londres y me pregunto si es que, verdaderamente, a este equipo no lo acompaña la tragedia. Me queda claro también que frente a estos dos hechos, el fútbol pasa a un plano secundario. Ya no quiero hablar, leer o ver más acerca del partido. Necesito enterarme de lo que pasa en Turín y en Londres. Sin embargo, la derrota de la Juventus es lo que peor me hace sentir.

Ocho de la noche, clásico del fútbol peruano. La U pierde 2-1 en el Monumental, ese estadio sin identidad en el que insistimos jugar. La derrota de la Juventus me sigue dando vueltas en la cabeza. Ahora este mazazo. Nefasto día para mí. Perdieron mis equipos. Uno a diez mil kilómetros de distancia; el otro, apenas a unas cuadras de donde vi el partido. Siento lo mismo. Sufro por ambos igual.

Como yo, no sé si miles, pero sí cientos. El juventino con el que vi el partido celebró la victoria de Alianza Lima en la noche. El madridista que estaba feliz en la tarde por la victoria del Real se apagó en la noche por la derrota de la ‘U’. No somos hinchas de la moda. Somos otro tipo de hincha, nada más.

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