Tackle al mito masculino

Hija de sociólogos, prefirió dedicar su vida a embestir rivales, cargando una pelota ovalada. Ximena Choy, la primera mujer que ha entrenado a una selección de hombres en el rugby peruano, lucha por la igualdad de género, en el deporte colectivo más rudo. “A un hombre mediocre le dan el mismo trabajo que luego le dan a una mujer capaz”, sentencia con la potencia de una embestida.

Altas, de brazos como combas y cuerpos capaces de resistir poderosas acometidas. Así dicen que deben ser las jugadoras de rugby, ese deporte en el que se disputa con las manos una pelota en forma de huevo. Pero a Ximena Choy Henríquez le ha servido medir apenas un metro cincuenta y ocho y pesar solo cincuenta kilos. Por ser menuda, sus compañeros la pueden levantar fácilmente para que coja el balón cada vez que se reinicia el juego, una acción conocida como line-out y que está permitida para ambos equipos.

Ximena ha sido jugadora de la selección peruana de rugby femenino durante ocho años. Su contextura no le impidió ser la capitana. Jugaba como medio scrum, una posición que sirve como bisagra entre las defensoras y las delanteras. Con ella en la cancha, ‘Las Tumis’, como se hace llamar el equipo de mujeres, obtuvieron medallas de plata y bronce en Bolivarianos de playa y Bolivarianos de campo, además de un segundo puesto en la Copa Rainforest, en Costa Rica. Al volver del campo de juego le resultó natural cruzar la línea y ayudar en el entrenamiento de las demás: total, era graduada de la Escuela Internacional de Educación Física y Deporte en Cuba, donde estudió gracias a una beca, y de la Universidad de Leipzig, Alemania, donde se especializó en preparación física.

El profesor Rafael Torres, ‘Fali’, el entrenador de la selección juvenil masculina, la convirtió en su asistente durante el Sudamericano B de Rugby realizado en Chiclayo, Perú, el año pasado. Luego fue preparadora física del plantel. Y en abril del 2017, un mes antes de que el equipo M-19 debutara en el Sudamericano B de Colombia, ‘Fali’ le cedió su lugar y se convirtió en la entrenadora. Hizo historia: fue la primera mujer en dirigir a hombres en el rugby peruano.

En abril del 2017, se convirtió en la entrenadora interina del equipo M-19, la primera mujer en dirigir a hombres en el rugby peruano. CÉSAR CAMPOS

“Si eres mujer no tienes las mismas oportunidades que los hombres y tienes que remar el doble para conseguir lo mismo”, diría quien ocupa por estos días el cargo de directora de Desarrollo y Formación de la Federación Peruana de Rugby, la máxima posición en cuanto a preparación física. Digamos que en el deporte ascendió con la potencia de un tackle. ¿Cuál fue su truco? Su arrojo.

Es un sábado de agosto en el Polideportivo Limatambo de San Borja y varias tribus comparten el mismo espacio. En una losa, diez jóvenes gesticulan, saltan, se empujan y gritan: “¡Dame, dame, mete gol!”. Juegan fulbito. En uno de los dos campos, 22 hombres embutidos en pequeñas camisetas exhiben sus canas y sus calvas, corren pausadamente y gritan: “¡Corre, carajo, corre!”. Juegan fútbol. En una de las cuatro partes en las que está dividido el otro campo, un puñado de niños de nueve o diez años trota, se cae, se levanta y cada tanto vocifera: “¡Pásala, estoy solo!”. Juegan fútbol 7. En la cancha contigua, diez mujeres corren, maldicen y, al final, se ríen. De vez en cuando gritan: “¡Ataque, defensa, todas juntas!”. Juegan rugby.

Un perro robusto ladra. Está aturdido por los gritos de tantas chicas. Giovanni Lu, técnico del equipo de rugby femenino ‘Las Blue’, mira desde afuera con los brazos cruzados. De 27 años, jugó en ‘Los Tumis’ del 2009 al 2011. El equipo que dirige está integrado por profesionales, universitarias y escolares. En el Perú las mujeres juegan siete contra siete y los partidos se dividen en dos tiempos de siete minutos. Giovanni comparte su labor como entrenador con la Administración de empresas. Es su primera experiencia como técnico. Su principal consejera es Ximena Choy, que juega en el equipo de puro placer y que de vez en cuando entrena al equipo.

—Ella tiene mucha experiencia y el don de motivar equipos. Puede exigirte sin abusar de ti —dice mientras observa cómo las chicas se disputan la pelota.

En el Perú las mujeres juegan siete contra siete y los partidos se dividen en dos tiempos de siete minutos. CÉSAR CAMPOS

Esta mañana Ximena dirige la práctica de ‘Las Blue’, que se han dividido en dos grupos: ‘Las Blue Adultas’ y ‘Las Baby Blue’. En una jugada de ataque, una adolescente de cabello castaño, cuerpo magro y mirada perdida se queda con el balón en la mano frente a una mujer que le dobla el peso. No sabe si correr o dar pase. La entrenadora se para frente a la adolescente y le pregunta:

—¿Quién es más rápida?

Su voz puede escucharse en todo el campo.

La chiquilla escucha, no dice nada, está intimidada por las miradas de sus compañeras. El perro sigue ladrando, confundido.

—Cuidado con lo que vas a decir —interviene la mujer que le dobla el peso, que tiene en la boca una sonrisa socarrona—. ¡Vamos, dímelo! —retoma Ximena, que tiene el rostro adusto, los ojos achinados y el cuerpo atlético.

La adolescente viste polo rojo y pantaloneta negra y tiene poco tiempo en el equipo, no está habituada a este tipo de presiones. Luego de cavilar un rato, dice en voz baja:

—Mejor no voy a decir nada.

La entrenadora, sin desesperarse, aumenta el tono de su voz:

—¡Tienes que tener confianza! ¡Dímelo!

Sus compañeras ríen. En las otras canchas el fútbol sigue siendo el rey.

—Ya… ¡yo! —dice la chica, que luego se muestra sorprendida de que la salida al interrogatorio haya sido tan fácil.

La interrogadora sonríe complacida, como si hubiera cumplido bien su tarea.

Ximena dice que dirigir a hombres es diferente a dirigir a mujeres.

—A la mujer necesitas explicarle, los hombres hacen las cosas nomás. Las mujeres necesitan convencerse, son más complicadas —explica aparte cuando el juego ya ha concluido—. Las mujeres se distraen, conversan. Los hombres son mucho más pragmáticos. Todos somos diferentes.

La música del himno nacional del Perú retumba en los altavoces. En el estadio Federico Serrano de Riohacha, capital de La Guajira, Colombia, 24 adolescentes de espaldas anchas y miradas desafiantes se cogen por las cinturas y entonan la canción del peruano oprimido. Es el 28 de mayo del 2017 y está por empezar el Sudamericano Juvenil B de Rugby. La selección peruana M-19 debutará contra Paraguay, un equipo que descendió de la zona A y, en apariencia, el rival más duro. Hace un mes estos adolescentes que ahora cantan con fuerza no tenían director técnico.

Durante nueves meses su entrenador fue Rafael Torres. El argentino estuvo con el equipo durante el sudamericano de Chiclayo, pero luego los problemas institucionales de la Federación Peruana de Rugby lo alejaron. Nadie intuía quién podía hacerse cargo. A treinta días del primer partido en Colombia los jugadores solo habían trabajado algunas destrezas en el gimnasio, pero no habían entrenado tácticas grupales. En medio de ese desconcierto llegó Ximena Choy.

Ximena Choy también fue jugadora de la selección peruana de rugby femenino durante ocho años. CÉSAR CAMPOS

—Ximena ya estaba con ‘Fali’ y la conocíamos. Era muy buena, sabía cómo explicarnos, sabía cómo desahuevar cuando la gente hacía chacota —recuerda Eduardo Terrones, uno de sus dirigidos en aquel equipo.

Terrones, jugador del club de rugby Amarus de Comas, tenía que ir desde ese distrito hasta Chorrillos para entrenar con la selección. Una vez el entrenamiento acabó a las 11:30 pm. y los taxistas no querían recorrer los 34 kilómetros hasta su casa. 

Choy le empezó a dar facilidades para que juegue con ellos.

Álvaro Espino, de los Flaming Lions y hooker en la selección juvenil, cuenta que al principio se sorprendieron de verla como directora técnica.

— ¿Nuestra preparadora física haciéndonos parte técnica? Después nos dimos cuenta que estábamos en buenas manos.

Espino destaca los valores que defendía Ximena:

—Si llegabas tarde a partidos de práctica, te ponía de suplente. Valoraba mucho la constancia, disciplina o entrega que uno podía tener. Si había alguna indisciplina, nos ponía en orden muy rápido. A pesar de que nosotros éramos hombres más grandes, en ningún momento la vi disminuida.

Wilmer Peralta, medio scrum igual que ella y capitán del equipo, cuenta que aquel sudamericano de Colombia los agarró fríos a todos.

—Ximena nos decía qué hacer en el gimnasio, qué comer. Hicimos con ella las destrezas que ya ‘Fali’ nos había enseñado. Jugamos con la estructura del año pasado. Y como no la habíamos practicado mucho, no nos salía nada en el campeonato.

Como jugadora de ‘Las Tumis’, obtuvo las medallas de plata y bronce en los Bolivarianos de playa y los Bolivarianos de campo. CÉSAR CAMPOS

Peralta se lesionó en el primer partido contra Paraguay y tuvo que ver los demás encuentros desde la banca.

La selección dirigida por Ximena Choy, que tenía en su plantilla a jugadores de Piura, Chiclayo, Trujillo, Villa María del Triunfo, San Juan de Lurigancho, Comas, Surco y La Molina, perdió 67-0 ante Paraguay en su debut. En el segundo encuentro cayó también ante Colombia. Y el último partido ante Venezuela lo perdieron por un try.

Algo que echó de menos Wilmer Peralta en aquel torneo fueron las reflexiones después de cada juego:

—En el 2016 con Rafael siempre después de cada partido hablábamos sobre qué podíamos mejorar, qué podíamos hacer, y Ximena nunca hizo eso conmigo.

A pesar de los resultados, los chicos recuerdan que las lecciones de Choy por aquellos días se grabaron en su memoria. Ronaldo Pango, que juega en el Lambayeque Rugby Club, la considera una de las mejores entrenadoras que ha tenido porque reconoce no sabe solo de rugby, sino también la parte física y fisioterapéutica.

—De una calificación de 0 al 10, le pongo 9 porque tiene una forma muy especial de llegar a nosotros, como explicarnos algunas cosas que no sabíamos o estábamos haciendo mal.

Entre sus múltiples actividades, Ximena Choy entrena junto a Las Blue y es la principal consejera del técnico Giovanni Lu. CÉSAR CAMPOS

Guido Laguna, un piurano afincado en Lima y jugador de la PUCP, recuerda la capacidad de la entrenadora para entender que cada jugador es diferente. Él, con su 1.83 cm y sus 125 kilos de peso, era uno de los jugadores más grandes y temibles de ‘Los Tumis’. Y eso Ximena lo comprendió a la perfección.

—Junto a Edu Rodríguez éramos los más pesados del equipo —comenta. En un descanso que el equipo tenía para tomar agua, Ximena nos hizo entrenar aparte porque nos asemejábamos en el peso. Eso para mí fue muy favorable porque yo no había encontrado un jugador a quien taclear. Con ello entendí que me faltaba mucho más de lo que yo pensaba.

Espejos con marcos dorados, muebles pequeños, una mesa de centro enana y un piano que nadie toca. Una mujer de 73 años se excusa por no tener fotografías de su hija. La mayor parte de los retratos se ha perdido, acaso en alguna mudanza. Narda Henríquez, la mamá de Ximena, habla pausadamente, su voz es arrulladora. No es alguien que le daría un tackle a nadie. Se ha dedicado toda la vida a pensar. Licenciada en Sociología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y doctora por la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París, ha investigado temas vinculados a la violencia política y las poblaciones indígenas. Es la actual directora del Doctorado en Sociología de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Su esposo, Ernesto Choy, también es sociólogo, aunque retirado, y otra de sus hijas, Catalina Hidalgo, es psicóloga social.

A diferencia de su familia, Ximena prefirió correr endiablada con un balón. Dice Ximena que su madre nunca fue muy hincha, que siempre la apoyó, pero pocas veces fue a verla a una competencia.

—No la veíamos cerca de las Ciencias Sociales para nada —cuenta Narda, que tiene el cabello corto, la cara redonda y los dientes matemáticamente simétricos—. No tenía afición a lo que hacíamos nosotros. Alguna gente siempre le ha preguntado por qué no ha seguidos los pasos de sus padres, pero yo no lo esperaba.

Desde que se fundó la Federación Peruana de Rugby en 1997, nunca se ha logrado una clasificación a un mundial en ninguna categoría. CÉSAR CAMPOS

La socióloga, que todo el tiempo junta las palmas de las manos para hablar, cuenta los inicios de su hija deportista:

—Ella tenía mucha actividad física ya de niñita. En el nido la profesora nos dijo que había que ponerla en un gimnasio, que la lleváramos a hacer gimnasia artística. Eso hicimos. Era muy inquieta, se trepaba a todas partes. Siempre nos ha dado sustos. Lo que hemos hecho es canalizar y apoyarla. Pero nadie suponía que se podía dedicar a eso como profesión.

Ernesto, el papá de Ximena, fue uno de los promotores del aikido, una práctica marcial japonesa, en el Perú. Al inicio, hizo lo posible por involucrar a su hija en este deporte, pero fue en vano, se le escabullía de las manos.

—Siempre ha tenido mucha vocación por poner orden —explica Narda—, no en términos domésticos, sino en los procesos que vivimos. Siempre ha querido poner su voz, decir su palabra. Tiene tendencia a mandar.

Dice que cuando Ximena era pequeña saltó por la ventana del auto de su papá y no hubo daños de consideración. E incluso asegura que años antes saltó de la cuna y cayó parada. Luego saltó de la gimnasia al ballet, del ballet al atletismo, y del atletismo al vóley, al básquet, al fútbol y al rugby. Se podría decir que 30 de sus 35 años los pasó haciendo algún deporte.

—Aunque parezca ridículo, en el 2017 todavía ganamos menos por hacer el mismo trabajo, somos menos mujeres en puestos de poder y no porque seamos menos capaces.

Es un martes de septiembre en una cafetería de la avenida San Luis, San Borja, y Ximena habla sin miramientos sobre su vida. A dos cuadras está el Centro Naval del Perú en cuyo gimnasio da clases de crossfit. Sí, además del rugby, dirige desde el 2014 Crossfit Perú, un grupo de ejercitamiento físico. Tres hombres tienen las miradas clavadas en sus laptops y una mujer no deja de mandar mensajes desde su celular. Ximena vuelve a la marcha:

—Hablaba hace poco con una dirigente brasileña que fue oficial de torneo en Río 2016 y está indignada porque es una mujer chiquita y tiene que hacer el doble del trabajo y pelearse con jugadores que no le hacen caso. Nadie la puede entender mejor que yo. La flaca está ahí porque se lo ha ganado, quizá un hombre mediocre pudo haber tenido esa chamba. Yo creo eso, que a un hombre mediocre le dan el mismo trabajo que luego le dan a una mujer si es capaz. Estoy convencida de ello, lo he visto con mis ojos verdes —dice y ríe.

La experimentada rugbier también es directora de Desarrollo y Formación de la Federación Peruana de Rugby y dirige Crossfit Perú desde 2014. CÉSAR CAMPOS

La luz del celular de la rugbier se enciende con frecuencia. El tráfico en la avenida San Luis se hace más intenso.

Ximena Choy anuncia que su retiro del rugby será pronto. Ya lo está pensando. Si sigue jugando es solo por el cariño que tiene a ‘Las Blue’. El tiempo disponible para dedicarles es cada vez menos. Nuevas responsabilidades van ocupando su horario. No lo está haciendo como debería y eso la incómoda.

La Federación Peruana de Rugby, que se fundó en 1997, nunca ha clasificado a un mundial en ninguna categoría. Como directora de Desarrollo y Formación de la Federación ese es su objetivo. La idea es descentralizar el deporte y llevarlo a todos los rincones del país. Algunos de los clubes que ahora lo practican son el Old Markhamians Rugby Football Club, el Cruzados de la Universidad Católica, el Dragones Rugby Club, Amarus de Comas y el Gavilanes del Norte Chico de Barranca.

—Como país mientras más plata inviertes en deporte, menos inviertes en salud —explica antes de levantarse de la mesa—. La Organización Mundial de la Salud en los noventa dijo que por cada dólar invertido en deportes ahorras cinco en salud. Y hasta ahora nadie escucha. En el Perú, en los últimos años, la tasa de obesidad ha crecido.

El rugby, asegura, puede ser el antídoto contra la gordura.♦

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