¿Once machos, otra fallida película sobre fútbol?

Heredera de una forma de concebir el cine comercial, a partir del éxito taquillero de ¡Asu Mare! (2013), la cinta de Aldo Miyashiro apuesta por la misma fórmula efectista para sobrevivir a las carencias de la Ley de Cine. Al margen de replicar el sistema de negocio de Tondero Films y de apelar a la reivindicación social como victoria poética de clase, Once machos (2017) se empeña en construir desde el cine nuevos mitos futbolísticos, como respuesta al desgaste de las epopeyas de antaño y a la frustrante realidad de las últimas décadas en un contexto de efervescencia patriotera a causa de la Selección peruana.

1.
La película ¡Asu mare! (2013) constituyó un punto de inflexión en la historia del cine peruano. Abrió la posibilidad de pensarlo como un negocio rentable, en el que bancos, supermercados y cerveceras se llevaran una tajada. Pero, sobre todo, encontró una fórmula de éxito que sobrevive a los endebles cimientos de la Ley de Cine, que está siendo discutida ahora mismo. Su director, Ricardo Maldonado, proveniente de las canteras de la publicidad, incluso ha dado conferencias sobre marketing, explicando el know how de su éxito, trazando el camino a inversores y emprendedores varios.

La mayoría de celebradores del fenómeno ¡Asu mare! arguyen un aumento masivo de empleo en el rubro; asimismo un número sin precedentes de salas colmadas, hambrientas de un cine marca Perú, pero de alto vuelo, con una poderosa producción detrás. Su estreno no fue, sin embargo, la primera piedra de la anhelada industria, sino un paso atrás, una suerte de statement que glorifica la ausencia de una cuota de pantalla, una distribución desde el Estado que garantice, bajo estándares regionales, espacios alternativos de exhibición.

Dicho esto, resulta interesante indagar, más allá de sus complejos mecanismos comerciales, las razones que llevaron a ¡Asu mare! y no a otra película a ser la versión peruana de Titanic.

¡Asu mare!, de Tondero Film, logró la cifra final de 3,037, 677 de espectadores. Algo inédito en el cine peruano. DIFUSIÓN

2.
¿Qué historia cuenta, a grandes rasgos, ¡Asu mare!? La del ascenso social. El personaje interpretado por Carlos Alcántara, basado en sí mismo, pertenece a un estrato socioeconómico bajo. En la misma línea que Ligia Elena, el clásico de Rubén Blades (pero sin el revés social), el joven Cachín se enamora de una rubia adinerada y, a todas luces, inalcanzable. Conquistarla es la meta del héroe. ¿Hay algo en esta historia que atraiga per se al espectador peruano? ¿Acaso refleja una fantasía común de que en un país atravesado por murallas un amor de esa naturaleza tenga lugar?

Mario Vargas Llosa, en la introducción de su libro de ensayos La verdad de las mentiras (Seix Barral, 1990), escribe lo siguiente sobre las ficciones:

“En efecto, las novelas mienten —no pueden hacer otra cosa— pero esa es solo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que solo puede expresarse disimulada y encubierta, disfrazada de lo que no es. Dicho así, esto tiene el semblante de un galimatías. Pero, en realidad, se trata de algo muy sencillo. Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos —ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros— quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplacar —tramposamente— ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener. En el embrión de toda novela bulle una inconformidad, late un deseo”.

3.
¡Asu mare! ha inspirado una serie de cintas que no solo imitan su sistema de negocio. Comparten con ella ese particular ánimo de reivindicación social, esa victoria poética de clase. La más reciente es Once machos, dirigida y protagonizada por Aldo Miyashiro.

Once machos, con 45 mil espectadores en su fecha de estreno, quedó por debajo del debut de ¡Asu mare! (152,045). CAPTURA

Un equipo de barrio se juega la suerte de su vecindario contra un acaudalado magnate y su dream team caucásico.

A decir del crítico Sebastián Pimentel en su columna en El Comercio, este filme, a diferencia de ¡Asu mare!, no identifica el éxito con el ascenso social, sino más bien con “guiar el triunfo moral de las tradicionales y deterioradas urbanizaciones populares de la capital”.

Ricardo Bedoya, por su parte, la ha calificado de “fantasía compensatoria”. A falta de una exitosa selección de fútbol en las últimas décadas, las camisetas rojiblancas de Once Machos harían las veces de un placebo cinematográfico.

Tanto Pimentel como Bedoya consideraron el filme un esfuerzo bienintencionado desprovisto de virtudes artísticas.

Una nota del diario Perú 21 afirma que 45 mil espectadores acudieron a su fecha de estreno, superando a otras producciones de alto presupuesto como Av. Larco y Cebiche de tiburón. De acuerdo a la página web de Cineplanet, la película cuenta con una valoración de 8.5 sobre 10 a partir de 3762 votos. El boca a boca parece no haber sido benévolo, sin embargo, a casi cinco semanas de su llegada a carteleras, la película sigue siendo programada en más de 15 salas en todo el Perú [N. del E: con información al 14 de septiembre del 2017].

Después de la experiencia con Calichín (2016), Miyashiro volvió a la pantalla grande con otra cinta en clave futbolera. CAPTURA

Víctor Huerta Mercado, antropólogo catedrático de la PUCP y experto en cultura popular, opina que “dentro de nuestra mitología moderna, hemos vivido atravesados por una serie de hitos. Las Juegos Olímpicos de 1936, por ejemplo. Pudimos haber ganado, pero Hitler no quiso. Investigaciones recientes señalan que eso es una exageración. Lo rescatable es que quedó en el inconsciente colectivo que alguna vez el propio Führer nos tuvo miedo. O el famoso 2 a 2 en La Bombonera. Fue, hasta hace poco, una gran fantasía de autoestima nacional. Le arrebatamos a Argentina la participación en el Mundial y lo hicimos de una manera gloriosa, casi burlándonos de ellos. O los partidos que disputó Perú en el Mundial del 70 y, en específico, el partido contra Brasil. O el gol de Cubillas a Escocia en el Mundial del 78. Esos hermosos mitos que creamos en torno a estos hitos han ido desapareciendo con el tiempo”.

El experto trae a colación el gol que le marcó Roberto Palacios a la selección paraguaya en las Eliminatorias mundialistas para Corea y Japón 2002. Esa camiseta roja cuyo eslogan rezaba “Te amo Perú” atizó el sentimiento patrio de toda una generación. Pero ese anotación escapó del ámbito deportivo tanto como nuestros sueños de participar en la competencia dos años después. El Perú, eterno país de los casis. ¿Qué narrativa fantástica debe sustituir la implacabilidad de los hechos?

“Desde 1982 en adelante nuestro desempeño futbolístico a nivel selección ha sido muy pobre. Revisiones históricas se llevaron abajo la leyenda del cheque en blanco que recibió Lolo Fernández del Colo Colo de Chile y otras más. Como esa es la situación, el cine ha venido a llenar ese vacío y recordar que el fútbol fue un campo de batalla donde tuvimos glorias y generales, y donde todavía podemos tenerlos”, dice Huerta Mercado.

El éxito de películas como Calichín (2016), también de Miyashiro, y Guerrero (2016), de Tondero Films, responsable de ¡Asu mare!, parece corroborar lo dicho por el antropólogo. En conjunto llevaron a 1’735.000 espectadores a las salas, según el diario El Comercio. Dos de las tres películas peruanas más taquilleras del 2016 giran en torno al fútbol.

Pese a las fundadas críticas, Once machos se ha mantenido por cinco semanas consecutivas en la cartelera local. CAPTURA

“¿Lo que usted quiere decir es que el motivo por el que las películas sobre deportes gozan de tanto éxito en el Perú es porque ya no existe una correspondencia entre realidad y mito?”, le pregunto.

“Antes las ficciones se basaban en recuerdos lejanos y en la tradición oral, pero estas se han ido perdiendo en el tiempo o han venido aguafiestas a demostrarnos que nuestros mitos son mitos. Entonces hemos tenido que generar nuevos. El cine es una forma, un buen vehículo. Debemos ser el único país en el mundo que recoge a su selección en el avión presidencial por quedar terceros en una Copa América. Debemos ser el único país en el mundo que glorifica a un jugador vivo como Paolo Guerrero en una película, pero que no juega un Mundial hace décadas. Recogemos pedazos para armar nuestra propia historia. Pero las películas nos dan ya una historia reconstruida. Ilusoria, claro”, explica el antropólogo.

La última vez que la Selección peruana estuvo, como ahora, tan cerca de asistir al Mundial de fútbol fue en 1997. El pan, como siempre, se nos quemó en la puerta del horno. De conquistar la quimérica excepción y dejar a Lionel Messi huérfano de la ovación histórica, ¿qué película filmaremos?

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