One love: el primer amor de Bob Marley fue una pelota

Antes que la música, la ganja y el rastafarismo, el tótem del reggae tuvo una pasión que marcó su vida y su muerte: el fútbol. Apodado Miss Marley por patear canillas con la vehemencia de una niña inexperta, soñó siempre ser un futbolista profesional. Paradojas del fútbol, aprendió a jugar descalzo, formó un equipo y vivió hipnotizado por el toque sudamericano: el Santos de Brasil y el argentino Osvaldo Ardiles fueron parte de su devocionario. Rastafari por influencia de un exseleccionado de Jamaica, murió a los 36 años a causa de un cáncer derivado de una lesión mal curada en el pie. Aquí la traducción de un perfil futbolístico de Robert Nesta Marley escrito por su biógrafo, Chris Salewicz.

Bob Marley balancea y hace rebotar una pelota de fútbol sobre sus muslos. Driblea entre una nube de polvo a través de un anónimo y sucio patio jamaiquino. Recepciona el balón con su pecho, amortiguándolo con la parte interna del pie, y lo lanza dentro del arco con un toque sutil. No es una imagen arquetípica de la leyenda del reggae. Pero lo es.

Bob Marley amó la música, la ganja y la cultura rasta. Y amó el futbol. Cuando era un niño en la ciudad de Nine Mile, en las tierras altas del Jamaica central, se alegraba con patear una sandía seca alrededor del basural aledaño a la colina. Su pasión por el juego se mantuvo con él a través de su vida. En efecto, hubo momentos en los cuales consideró renunciar a la vida de músico por una de futbolista profesional.

Ocurrió en 1969, mientras vivía junto a los integrantes originales de The Wailers en Regent Street en el centro de Kingston, que Marley, Peter Tosh y Bunny Livingston empezaron a jugar al futbol seriamente. Cerca de su casa existían tres clubes campeones: Railway, el equipo número uno, Boystown, y George’s Kensington. Railway, situado al inicio de Darling Street, estuvo bendecido con Jack Murphy, uno de los mejores arqueros de Jamaica. Un tipo duro y áspero. En los campos de entrenamiento, los Wailers jugarían con los mejores futbolistas de entonces. Finalmente, formaron su propio equipo, The Soul Rebels (Las Almas Rebeldes), con Livingston como delantero. Tuvieron partidos muy disputados contra equipos bien posicionados, participando, incluso, en competiciones locales conocidas como Black Shield.

Marley no logró ser un jugador exitoso de manera inmediata en Kingston. Fue menospreciado como un jugador rústico y poco sofisticado. Como insulto le pusieron el apodo Miss Marley porque jugaba –insisten estos hombres del Ghetto– como una niña. Obligado a elevar sus capacidades, Marley aprendió a expresar su ira a cualquiera que se atreviera a despreciarlo. En algún momento se convirtió en Mister Marley.

Fue en esta época que conoció a Alan ‘Skill’ Cole, un referente del futbol jamaiquino y miembro de la selección nacional. Cole lideró varios equipos en la sede del Tuff Gong [el sello discográfico de The Wailers ubicado en la casa de Bob en el 56 de Hope Road, en Kingston] y se unió a Marley para correr por la costa todas las mañanas. Cole –que había sido dirigido por el padre de John Barnes, el gran futbolista inglés– llevaba dreadlocks y profesaba la lealtad rastafari. Él y Marley se volvieron grandes amigos, y fue así que Marley abrazó el Rastafarismo.

Cole no pudo disuadirlo de sus hábitos de jugador rústico: Marley solía jugar descalzo. Así se sentía más cómodo que con los botines. Aún cuando otros jugadores sí los usaban, él los barría con sus pies desnudos. Como resultado, el dedo gordo de su pie derecho –que cuando niño se había lesionado en Nine Mile– se magulló aún más, y en ocasiones exudaba pus.

El fútbol no fue solo una pasión y un pasatiempo para Marley. Fue también un refugio en tiempos de riesgo. Por ejemplo, antes del concierto “One Love Peace” en abril de 1978, pasó sus días pegándole a una pelota en el 56 de Hope Road bajo la mirada de unos peligrosos rivales, alguno de los cuales pudieron haber estado vinculados al intento de asesinato en su contra ocurrido en diciembre de 1976. Tras huir a Londres después de ese ataque, con una bala aún en su brazo, Marley buscó estar próximo a un campo de fútbol. Él y los Wailers rentaron una casa en Chelsea, cerca de la carretera de acceso a Battersea Park y sus extensos campos. En Londres, Marley grabó dos álbumes: Exodus y Kaya. El lanzamiento de Exodus fue promocionado con una gira europea. La primera parada fue el 10 de mayo de 1977 en París. Un día antes, Marley y un grupo de periodistas locales jugaron en un campo de fútbol cerca de la torre Eiffel. El equipo rival estaba conformado por empresarios musicales veteranos liderados por Francis Borelli, que luego sería presidente del París Saint-Germain. Durante el encuentro, a Marley lo marcaron duro, su pie derecho fue aplastado y la uña del dedo pulgar se le salió. Ese dedo -que dos veces había estado seriamente lesionado– acabó cortado por los clavos oxidados del botín de un rival. Esa herida nunca sanaría por completo. Cedella, una de las seis hija de Marley, a partir de ahí la curaría cada noche.

Un doctor parisino removió la uña, advirtiéndole a Marley que no se levantara, consejo que no fue escuchado, mientras aparecía en el escenario usando sandalias que revelaban su pie vendado. Cada día también jugaba al fútbol, haciendo una mueca cada vez que su pie hacía contacto con la pelota. Gilly Gilbert, su buen amigo y cocinero, recuerda aquella lesión: «Durante un par de años, tenía una uña encarnada e inyectada de sangre y no hizo nada al respecto. Hasta que fue pisoteado, nunca había cojeado. El tipo que lo pisó, agravó la herida. Luego realizó una gira de seis semanas. Le dieron un protector para ponérselo ahí por si jugaba al fútbol, como una esponja. Aun así jugó duro».

Los médicos le dijeron a Marley que la lesión en el dedo del pie había revelado un melanoma subyacente. Un médico recomendó un injerto de piel. Otros le aconsejaron que le amputaran el dedo. Citando motivos religiosos, Bob se negó.

La vida de Marley era una perfecta combinación de música, espiritualidad y fútbol. Por cierto, el nombre de su hijo Ziggy proviene del término jamaiquino que alude a la habilidad de driblear dentro del campo de juego. Los interminables partidos formaban parte del día a día. Marley era uno de esos jugadores a los que la pelota parecía estar magnéticamente atraída. Eso favoreció su inclinación al estilo fluido, melódico y latinoamericano del juego. El estilo europeo, con sus duras entradas, no era de su agrado. Su equipo favorito era el Santos de Brasil. En 1978 voló a Sudamérica y conoció a Paulo César, el capitán del equipo brasileño.

Para Marley fue un verdadero motivo de orgullo cuando el equipo de fútbol cinco que él armó luego de una visita a Brasil derrotó a todos sus rivales en un torneo amistoso. Jim Capaldi, de la banda Traffic, vivió en Río de Janeiro y tocó para The Wailers, al igual que el guitarrista Junior Marvin, y el cantante Jacob Miller. Marvin me dijo: «Bob solía decir: “Sabes, creo que debería haber sido un jugador de fútbol”».

No todos los integrantes de The Wailers compartieron el entusiasmo de Marley por el juego; ninguno tenía su habilidad. «El grupo en sí mismo no era realmente de buenos jugadores», dijo Neville Garrick, su director de arte.

Por lo tanto, para una serie de partidos de fútbol cinco que se realizaron en la capital inglesa, el equipo estuvo integrado por Marley, Seeco, percusionista de The Wailers, Gilly, Cole y Garrick.

En junio de 1977, el difunto Rob Partridge se unió a Island Records como jefe de publicidad. «Lo primero que tuve que hacer fue jugar para Bob Marley. La primera vez que lo vi fue en el campo de fútbol», dijo. Aquella vez el partido se jugó en el Battersea Park. El equipo contrario estaba compuesto por empleados de Island Records. «Bob jugó en todas las posiciones», recordó Trevor Wyatt, un hombre de Island A & R. «Estuvo fantástico, igual que Gilly. Bob tuvo un gran partido. No pudimos atrapar la pelota. Solo la vimos pasar. Eran tan buenos porque jugaban todo el tiempo. Nacieron para el futbol».

Como amante del estilo latinoamericano, Marley era un gran admirador del argentino Osvaldo Ardiles [Ossie, como lo recuerdan en Inglaterra], quien fue transferido a Londres para jugar por el Tottenham Hotspur. Partridge le compró a Marley una camiseta de los Spurs que usaba a menudo. «Grabé un video del programa de la BBC, Match of the Day, donde salían jugando los Spurs y se lo envié a Bob. En 1978 él estuvo en Gran Bretaña justo para la Copa del Mundo y grabó todos los partidos que pudo porque teníamos que programar entrevistas durante el torneo».

En el verano de 1980, al final de la gira “Tuff Gong Uprising”, Marley decidió no hacer ninguna entrevista; solo jugaba al fútbol contra los equipos de las disqueras. Los partidos se organizaron en el oeste de Londres. Uno de los equipos de fútbol cinco contra los que jugaron fue Ice Records, capitaneado por la estrella guyanesa Eddie Grant. Durante esa gira, en Milán, Marley tocó para 120 mil personas, la audiencia más grande de su carrera. El lugar no podría haber sido el más apropiado: el estadio de San Siro, espacio usado por el Milan y el Inter.

No mucho después, al comienzo de la gira por los Estados Unidos, mientras corría con Cole en el Central Park de Nueva York, el septiembre de 1980, Marley colapsó. El cáncer, inicialmente descubierto en el dedo gordo del pie derecho, a causa del pisotón que sufrió en París tres años antes, había hecho metástasis. Acudió a Baviera, en Alemania, para tratarse en la clínica de Josef Issels, creador del Tratamiento Issels –polémica terapia contra el cáncer–, pero fue en vano. El melanoma había invadido completamente sus pulmones y cerebro. Murió en Miami el 11 de mayo de 1981.

(Traducción: Melody Cáceres)

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