Dos mancos debajo de un arco

Lo que durante mucho tiempo pareció un cuento de cantina, desperdigado en Internet, se ha confirmado: a finales de los cuarenta, en Melo, una ciudad uruguaya, en la frontera con Brasil, se disputó un cuadrangular entre cuatro bares. El campeón: un equipo con dos arqueros mancos. Reza el autor, melense de nacimiento: “Gabo inventó Macondo, Onetti a Santa María, para hacer vivir lo que imaginaban. Si hubieran nacido en Melo no lo hubieran necesitado”.

Me lo contaron en el bar del Tuna, y fue difícil creerlo.

El bar del Tuna en Melo es diferente a todos los bares; como la ciudad de Melo, cerca del Brasil, a unos cuatrocientos kilómetros de Montevideo, es diferente a todas las ciudades de Uruguay, pero explicarlo sería otro tema. El Tuna abre cuando quiere y cuando no quiere le da la llave a los clientes para que abran. Entonces apuntan lo que tomaron, que no es precisamente jugo de naranja, en un cuaderno, y pagan después. Y además no tiene mostrador.

Un bar de hombres, de apasionadas conversaciones de política y fútbol, entre carne a las brasas, vino y whisky. A orillas de la ciudad, llegando al monte.

El año pasado estuve por ahí. Vuelvo a Melo cada vez que vuelvo a Uruguay. No hacerlo es “un volver” incompleto. Allí vive lo mejor de mí: la infancia, la inocencia, el tiempo sin decisiones y, por consiguiente, sin culpas. La ciudad donde nací.

Y mil historias saltaron, y casi todas las creía —soy felizmente crédulo, lo que me libera de la angustiante duda—. Además, como dicen por allá, “hay cosas que solo pasan en Melo… y en algunas películas”.

El Bar del Tuna en Melo abre a pedido del cliente. Solo hace falta pedir la llave y dejar apuntado el consumo. BAR DEL TUNA.

Pero esta era demasiado, por disparatada, imposible, impensable: un equipo con doce jugadores en cancha. Con dos arqueros, y los dos mancos. Inverosímil. Ni Osvaldo Soriano en San Pedro, ni Fontanarrosa en ayahuasca.

Finales de los cuarenta. Cuatro equipos se presentaron ese día, un domingo, supongo, a beneficio de una comisaría, la seccional 1ª. Pero todo legal, con árbitros vestidos de negro como correspondía para darle seriedad a la función. El negro es el color de la muerte, y, sabido es, nada puede ser más serio.

Cuatro equipos, cuatro bares.

El bar Rivero sacrificó el apellido que le daba nombre y renombre, y elegantemente, moviendo la ‘o’ desde el final al inicio, se transformó en ‘O River’, ‘El River’ en portugués. Fino.

Bares. Solo la ebriedad o ebriedades del sábado pueden explicar la sobria locura de ese domingo.

El primer sorprendido fue el árbitro, juez entonces, al ver sin el brazo derecho al arquero, José Caroleano Gómez, exjugador del Wanderers de Melo, producto de una caída de un caballo.

La nota periodística original corresponde a la revista brasileña Almanaque D’os Desportos. ARCHIVO

¿Tan malo es el suplente?, habría dicho. Ah… ¿quiere ver al suplente?, dijeron, y le presentaron a Justo González, manco del brazo izquierdo, perdido en un accidente de trabajo, entre las máquinas de un molino.

¿Y si tapan los dos?, dijo uno del equipo contrario con encomiable caballerosidad.

Y así fue. Entre los dos armaron uno. Chimpún derecho, con su media correspondiente, para el ‘Negro’ José —en esa época no se usaba afrodescendiente, un eufemismo políticamente correcto— y el izquierdo, también con su media, para el ‘Blanco’ Justo, sin eufemismos. En los pies restantes, alpargatas.

Pero en el fútbol no hay piedad, y la gentileza se olvidó al momento de rodar la pelota. Se trata de ganar. ‘El Boro’, eximio volante del equipo rival, el bar ‘Ladi Silva’, lanzaba al centro delantero con exacto pase y lo dejaba frente al arquero doble. “¡No la coloqués, tirála al medio que no hay brazos!”, gritaba insensible a la doble desgracia humana.

El equipo de los mancos ganó 3 a 1. No hay mayores detalles. Se supone que los centros al área los despejaban con los puños. Que hubieran agarrado algún balón entre los dos ya sería un exceso de imaginación. Ganaron la final también, esta por walk-over. El bar Odera no se presentó. No se sabe si por temor a perder, por caballeros o por exagerada ingesta de alcohol.

Los protagonistas y testigos se fueron muriendo, o envejeciendo, y… ¿quién va a creerle a un viejo? Más en estos tiempos donde ‘la palabra’ dejó de tener valor y la verdad se ha devaluado.

El bar Rivero cerró. La foto de los campeones, ‘el equipo de los mancos’, siempre limpia, orgullo de la pared principal, se vistió de polvo en algún depósito y el hecho se fue olvidando o recordando, pero ya como leyenda popular, como mito, mitad verdad mitad mentira.

Un diario uruguayo recordó la historia algunos años después. La leyenda urbana tenía asidero. ARCHIVO

Con cierta dificultad sí, pero lo creí desde el principio, y supe que quien no fuera nacido en Melo necesitaría pruebas. En algunos casos, muchos, las palabras que habla esta ciudad necesitan fotos para ser creíbles.

Y las fotos llegaron setenta años después del hecho. Recorrieron en segundos por esa vía llamada Internet, los más de cuatro mil kilómetros que separan a Melo de Lima para demostrar que la realidad misma, más allá de la imaginación del hombre, es capaz de escribir historias tan increíbles como ciertas.

No hay mayores detalles de estos dos partidos, pero con saber que fueron reales ya es suficiente para seguir creyendo, felizmente, que todo es posible. Gabo inventó Macondo, Onetti a Santa María, para hacer vivir lo que imaginaban. Si hubieran nacido en Melo no lo hubieran necesitado.

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23 comentarios

  1. Lelia
    28 de octubre, 2017 at 6:31 pm — Responder

    Hola! Soy de Melo..mas o menos de la edad de Sengo Pérez. Y nunca escuché nada de esto! Gracias! Coincido en que Melo es única! Uno de los jugadores de ese equipo era Pibe Cabrera…tio político de mi esposo. Sólo el cuento del bar ya es surrealista!!! La historia del equipo con dos arqueros mancos….es algo de no creer!!!! Gracias de nuevo!

    • Revista Sudor
      28 de octubre, 2017 at 10:07 pm — Responder

      Un honor tener una lectora en Melo. El fútbol y el deporte otorgan estas historias fantásticas. Solo queda compartirlas. Gracias por tu comentario, Lelia.

    • 30 de octubre, 2017 at 1:16 am — Responder

      Y Boro,(supongo por la época y por el dato de que el Pibe Cabrera también jugaba,eran cuñados) mi tio. Me emocionó mucho leer su nombre en esta maravillosa y surrealista historia! Sí, tiene que ser de Melo! Y seguro que tan real,como tantas otras que seguro podríamos contar muchod cerrolarguenses. Sengo Pérez hijo del que yo conocía,pero anterior a la fecha de tu nacimiento?Profesor de historia?

      • Sengo Pérez
        6 de noviembre, 2017 at 6:26 pm — Responder

        si, soy el Sengo chico, hijo del hombre con nombre de calle y de museo, abrazo.

  2. Teto Gómez
    29 de octubre, 2017 at 8:34 am — Responder

    Soy de Melo, y conocí a la mayoria del cuadro de los mancos y concurrí al Bar Rivero hace mucho tiempo.también concurro al bar El Tuna donde nos encontramos con una camada de amigos. gracias por acordarse de nuestro querido pago.

    • Revista Sudor
      29 de octubre, 2017 at 6:23 pm — Responder

      Las historias extraordinarias trascienden el espacio y el tiempo. Es un placer para nosotros dar a conocer un poco de Melo al mundo.

  3. Ana Inés
    29 de octubre, 2017 at 9:03 am — Responder

    Hola, no soy melense pero viví allí 5 años y Melo es único, no hay Ciudad que se le compare ni en historias ni en la calidad humana de su gente!
    Muchas gracias!

    • Revista Sudor
      29 de octubre, 2017 at 6:24 pm — Responder

      A ti, Ana, por visitar Sudor y disfrutar de esta historia. Compártela con todos tus conocidos. Las buenas historias necesitan de buenas lectoras como tú.

  4. Artigas edgardo urrutia medina
    29 de octubre, 2017 at 11:07 am — Responder

    Increible,soy nacido en melo,en el 47,hace casi 50 años que estoy en corrientes.arg.gracias a Internet estoy en contacto con compañeros y conocidos de mi infancia.Nunca habia escuchado esta historia.hermosa por cierto.solo recordar a melo me llena el alma,cuanto mas pasan los años mas sentimientos brotan.un fuerte abrazo.

    • Revista Sudor
      29 de octubre, 2017 at 6:20 pm — Responder

      No hay como los recuerdos de infancia ligados al lugar de origen. Nos emociona saber que esta historia te hizo retroceder en el tiempo al menos unos minutos. Un abrazo, Artigas. Comparte el artículo entre tus amigos.

  5. Héctor Ormaechea
    29 de octubre, 2017 at 12:46 pm — Responder

    Siempre fui conocido por mis anécdotas jocosas, rayanas en el surrealismo mas hilarante. Y siempre he repetido que eran ABSOLUTAMENTE VERDADERAS. Quizás, algunas, tuvieran una pincelada personal, pero los hechos y/o personajes centrales eran _y son_ totalmente reales. Mi oficio de viajante me permitió ser testigo directo o conocedor de los protagonistas de muchas, y ávido receptor de otras. Esta, en particular, encantaba a los eventuales interlocutores, pero jamás logré que ni uno solo de ellos la creyera. Soy melense, y “paraba” en el Bar Rivero cuando tenía 15 o 16 años. No consumíamos alcohol, pero el buenazo de el “Gordo” Rivero _ dueño y único operario de el bar _ nos prestaba la trastienda/depósito para jugar al truco, conga, tute,etc. Conocí a muchos de los personajes involucrados en el mítico torneo, incluyendo al eximio “Boro” ( Varalla ) mencionado en la crónica. También recuerdo claramente las fotos alusivas al evento, incorporadas a las muchas que el boliche exhibía, en sus verdes paredes. La mas sugerente, quizás, era una tomada desde atrás de el arco, donde se visualiza la pelota llegando al centro de el arco, y los dos goleros arrojándose hacia la misma….del lado que no tenían brazos !. Como dije al principio, nadie, nunca, me creyó. Hoy, como a las viejas fotos del Bar Rivero, el tiempo se ha llevado mis contactos y mi relación con aquellos compañeros de trabajo, que fueran asombrado público de mis narraciones. Pero….. vaya si me gustaría que por lo menos uno de ellos viera esta crónica. Quizás, con la secreta esperanza que comprendiera un poco el “realismo mágico” de mi añorado Melo natal.

    • Revista Sudor
      29 de octubre, 2017 at 6:30 pm — Responder

      Es imposible no estremecerse con tu relato, Héctor. Gracias por compartir tu experiencia. Sería increíble dar con esa fotografía que mencionas. Ojalá puedas encabezar la cruzada para dar con ella. Mantennos informado. El autor del texto, Sengo Pérez, también seguirá en la búsqueda de más detalles y material gráfico.

    • Sengo Pérez
      6 de noviembre, 2017 at 6:28 pm — Responder

      un abrazo Héctor ya me contarás esas historias

  6. Andrés Más
    29 de octubre, 2017 at 10:19 pm — Responder

    Increíble y emocionante, nunca había escuchado de este hecho deportivo pero el boliche me recuerda al Bar de Montevideo ubicado en Capurro y Coraceros donde los parroquianos llevaban sus vasos y botellas, era de no creer.

  7. Oscar Moreira Pereira
    29 de octubre, 2017 at 10:27 pm — Responder

    Muy bueno , yo conocía el cuento pero suponía que era fruto de una imaginación febril estimulada por ” la caña de barril “. Además el cuadro de “los mancos” en la anécdota que me hicieron , se llamaba ” los lagartos ” porque se juntaban para jugar solo en verano.La anécdota se la escuche al “Blandito” Vázquez, que tengo entendido que fue uno de los fundadores del Naranjo Futbol Club.

  8. JOSE MARTINEZ
    30 de octubre, 2017 at 11:29 am — Responder

    HOLA TE CUENTO YO TAMBIEN SOY DE MELO Y YA CONOCIA EL RELATO A TRAVEZ DE MI VIEJO AL MANCO GOMEZ LO CONOCI PERSONALMENTE YA QUE SU FAMILIA VIVIA A LA VUELTA DE MI CASA SI MAL NO RECUERDO EN CUANTO A GRADO DE PARENTESCO VENDRIA A SER TIO ABUELO DE TONY GOMEZ QUIEN FUE GRAN JUGADOR DE NACIONAL Y VELEZ ARGENTINO HOY EN DIA SE QUE ES ENTRENADOR EN EL EXTERIOR . UN ABRAZO DESDE LOS CONTROLES DE RADIO RIO BRANCO .

    • Revista Sudor
      30 de octubre, 2017 at 12:59 pm — Responder

      Muy buenos datos los que aportas, José. Si sabes algo más de la famila Gómez o cómo contactarlos, no dudes en escribirnos.

  9. Washington
    30 de octubre, 2017 at 12:30 pm — Responder

    Como no emocionarme hasta las lágrimas con este relato que lo escuché contar varias veces a mi padre que también tenía un bar. Como no volver atrás cuando nací y me crié a la vuelta del bar del Tuna antes del padre el viejo Cléber. Como olvidar este Melo del loco Menoti, de Muleque, de Perico Cavadini y de tantos otros, gracias por hacerme emocionar de verdad

    • Revista Sudor
      30 de octubre, 2017 at 12:57 pm — Responder

      Gracias a ti, Washington, por leer esta historia y compartirla con tus contactos.

    • Sengo Pérez
      6 de noviembre, 2017 at 6:30 pm — Responder

      Su emoción me ha emocionado a mi, gracias.

  10. Wilson
    31 de octubre, 2017 at 8:18 pm — Responder

    wiurramendi@gmail.com
    Todo muy cierto conocí a todos ellos
    Cavadini desfilando en su corcel tordillo abriendo el corso en carnaval
    Al Boro al Pibe Cabrera a Muleque al loco Agustin a Gardel cantando en el café Américo a Mejía cantando en el Cine Melo
    A Nano Pérez intendente de Melo figura inolvidable con su camino de los hueseros del salader María Elizenda del CHORIZO Martinez
    El PALO Duro Martinez camionero y estanciero a Secundino Alfaro y un millón de cosas más hasta el Baño del Papa salió de Melo

  11. Anne Shaw
    3 de noviembre, 2017 at 12:12 am — Responder

    Que lindo que un melense aporte recuerdos increíbles de esta ciudad y su gente! Gracias Sengo. Gracias al Pocho, a Yalta, a Artiguita, y a los demas. Recordar a Muleque con sus prolijos trajes, al loco Santos viviendo en el cementerio, a Cavadini en su caballo blanco. …al Nano leyenda del departamento….a la tumba afuera del cementerio de Noblia, pintada y cuidada hasta hoy sin muerto conocido.
    A Sengo,mi profesor de historia Nacional en preparatorio, notable intelectual y amigo de mi padre al que decian el Inglés. Gracias a todos. Con cariño Anne

  12. Sengo Pérez
    6 de noviembre, 2017 at 6:32 pm — Responder

    un abrazo, llevo a Melo en el alma.

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