Peredo, una voz para todos los formatos

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Evito pronunciar la palabra fe por ausencia de credos. Estimo que sabrán comprender. Prefiero llamarlo esperanza. Para concebirla, más allá de la armoniosa pronunciación, se debe edificar con palabras. Hacer un tótem mental con ella. Valorizarla. Despertar el ánimo colectivo. Tremenda hazaña solo fue posible a través de la voz de Daniel Peredo.

Nunca olvidaré que considerábamos, y me incluyo, a Jefferson Farfán un jugador que estaba en el ocaso de su carrera. Dejó de jugar en su club alemán Shalke 04, debido a una lesión mal llevada. Tras su tardía recuperación, los teutones decidieron transferirlo a una liga de nivel discreto como Emiratos Árabes Unidos, en el poco sonado Al Jhazira.

La intención era evidente: no buscaba nivel futbolístico, solo asegurar la vejez. También fue un dolor de cabeza para el entrenador de la selección peruana, el argentino Ricardo Gareca. A pesar de todos los elementos en contra posibles y el rechazo generalizado, Daniel Peredo siempre creyó en él. Por ello, la importancia de la esperanza, de creer hasta el final. Peredo da una excelente lección. Sólo basta buscar sus intervenciones en los diversos programas de CMD – ahora Movistar Deportes – en YouTube para comprobarlo. Y a manera de retribución, Jefferson Agustín Farfán Guadalupe, por su mamacita, le dedicó el campeonato logrado con el conjunto ruso de Lokomotiv, hace ya casi un mes.

Peredo total (Debate, 2018) reúne la totalidad de sus trabajos de prensa escrita concebidos en cinco capítulos de amena lectura: Crónicas, Entrevistas, Opiniones, Historias de vestuario y Bonus Track. Cada uno manejados con la versatilidad de un veterano.

Peredo tenía una pluma entradora, divertida y jovial. Que denotaba a un personaje erudito lleno de sencillez y empatía. Características fundamentales que saltan a la vista de quienes, sin conocerlo, admiramos su trayectoria. Perfecta lectura para amenizar la previa del Mundial Rusia 2018.

Soy un fondista de quinta categoría. Prefiero el frío por encima del calor, y la lluvia confundirse con el sudor. También soy penúltimo en la fila, el back central que traba el estentóreo gol. Aunque mayor proeza encuentro en la soledad que atraviesa su blando cuchillo bajo el arco. Entiendo a los admiradores del tiki-taka, el paroxismo de placer, pero elijo el catenaccio, la marca zonal, la cortina y la potencia del contragolpe. Heroísmo puro.

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